El Vecino De Al Lado

El Vecino De Al Lado

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WpMetadataReadMatureComplete Wed, Nov 9, 2016
Toda mi vida viví en un barrio cerrado a las afueras de San Isidro, es un lugar tranquilo y sereno, con mi amigo Mariano siempre jugamos al tenis después de clase, un día como cualquier otro volviendo a casa con Mariano notó que alguien está en el jardin de mi casa conversando con mi mamá mientras cava un pequeño pozo intentando reparar algo del agua, era un hombre alto, robusto de unos veintiséis años de edad con gran parte de su cuerpo dibujado por tatuajes. Me acercó y le hablo a mi mamá. -Hola má -Hola hijo, el es Noah es nuestro nuevo vecino, acaba de mudarse a la casa de al lado. Saludo a Noah como muestra de respeto, el me devuelve el saludo mirándome directamente a los ojos y haciendo una mueca un tanto extraña. Acto seguido entro a mi casa y me voy inmediatamente a mi habitación, debo admitír que fue extraña la primera impresión hacia este tipo.
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El espejo del baño siempre había sido mi confidente silencioso. Me devolvía una imagen familiar, la de una joven con una melena castaña brillante y unos ojos enmarcados por pestañas largas y oscuras. Era mi reflejo, mi ancla en un mundo a veces caótico. Pero últimamente, ese reflejo comenzaba a desdibujarse, a mostrar pequeñas imperfecciones que antes no estaban allí. Unos pocos cabellos de más en el lavamanos después de peinarme. Una ligereza extraña al mover la cabeza. Luego vinieron las noches en vela, la sensación punzante en los ojos al despertar, la acusación injusta lanzada en medio de la confusión de una fiesta. Pequeños incidentes aislados, como motas de polvo flotando en el aire, aparentemente insignificantes por sí solos. Pero ahora, al mirar hacia atrás, una sombra comienza a extenderse sobre esos recuerdos, tiñéndolos de un significado siniestro. Como si esas motas de polvo fueran en realidad esporas de un hongo oscuro, creciendo silenciosamente, alimentándose de mi bienestar, de mi confianza, de mi propia imagen reflejada en el espejo. No entendía lo que estaba pasando. Sentía que algo cambiaba, que una parte de mí se desvanecía lentamente, como un color desteñido por el sol. Buscaba respuestas en mi rutina diaria, en mis hábitos, en las personas que me rodeaban. Nunca se me ocurrió mirar más cerca, justo al lado, en la sonrisa amable y los ojos aparentemente preocupados de la persona que siempre estaba ahí. Porque a veces, el veneno más letal se disuelve en la dulzura de la amistad, y la mano que acaricia es la misma que, en secreto, deshoja la flor de tu belleza, pétalo a pétalo, hasta dejar solo un tallo frágil y vulnerable. Este es el relato de cómo mi reflejo se fragmentó, no por un golpe repentino, sino por la erosión constante de una envidia silenciosa, tejida en el tapiz de una amistad que creía inquebrantable. Y al final, solo quedaron los pedazos rotos, revelando una verdad tan oscura como la noche más p

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