Ser una bruja en el siglo XVII no es fácil, y menos en pleno Nueva York. Pero, todavía lo es menos, si cabe, para Ivette, que, a parte de ser bruja, es una legeremente. Los Salemitas están más activos que nunca, y cada vez intentan acabar con la magia con más ímpetu. Y cuando Ivette descubra que hay magia mucho más allá de lo que ella conoce, y que no todo en la vida es bueno, deberá escoger si seguir el buen camino, el que siempre le han enseñado, o continuar por senderos inciertos, misteriosos, y mucho más llamativos. Lo que Ivette no sabe, es que un simple acto, por pequeño que sea, puede hacer el mundo desmoronarse por el efecto dominó.
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