El Deseo del Rey
En un salón bañado por el fulgor de los candelabros, Elena de Ieris bailaba como si el peso de su corona fuera solo un adorno. Su risa, despreocupada y libre, resonó entre los murmullos cortesanos... hasta atraer la mirada escrutadora del Rey Noctis Lucis Caelum. Desde su trono de sombras, él observó aquella vitalidad con una punzada de envidia disfrazada de imán. ¿Cómo podía ella, princesa como él, desafiaba la gravedad de su linaje? Lo que comenzó como un reproche silencioso se convirtió en una obsesión que gota a gota fue llenando su pecho de algo más profundo que los celos: una pregunta peligrosa, un anhelo. Y en ese juego de contrastes -su luz contra su oscuridad-, Noctis descubriría que algunas heridas solo las cura quien las provocó.