Caídos-El peso del cielo

Caídos-El peso del cielo

  • WpView
    Lecturas 91
  • WpVote
    Votos 19
  • WpPart
    Partes 9
WpMetadataReadContenido adultoContinúa
WpMetadataNoticeÚltima publicación sáb, mar 18, 2017
WpInfo
Ficción
Fantasía
A pesar de su velocidad pudo ver que no llegaría a tiempo, el sujeto que huía se detuvo en seco y apuntó el arma a José, su protegído que se congeló ante la amenaza, un instante y sería su primer falló garrafal, Abizael se movía tan rápido como podía y sabía que no llegaría. Escuchó el disparo... José seguía en píe y frente a él un hombre enorme había recibido la bala. - Eso no me pareció nada agradable.- dijo el gordo que se interpuso entre la bala y José. Abizael no podía creerlo, no era un hombre, era un caído. Pero ¿de ese tamaño? Nunca había visto a ningún caído tan gordo; de hecho nunca había visto a nadie fuera caído, ángel, humano y creía que pocas vacas eran del mismo tamaño. No pudo ver su rostro ya que le daba la espalda pero el maleante pudo verlo y la expresión de su cara perdió todo color, en un instante el pánico lo llenó, temblaba y soltó el arma, tras eso cayó al piso vomitando. El caído dio dos pasos hasta él y lo tocó en la frente, dejándolo inconsciente de inmediato.
Todos los derechos reservados
Únete a la comunidad narrativa más grandeObtén recomendaciones personalizadas de historias, guarda tus favoritas en tu biblioteca, y comenta y vota para hacer crecer tu comunidad.
Illustration

Quizás también te guste

  • LA OBSESIÓN DE LUCI
  • Ángel Oscuro: El Sello Celestial ©
  • Wings
  • Angeles Malditos: La Trancision.
  • Bakar Iagk: El último demonio sobre la tierra ©
  • ✟Seen this angel?✟
  • "Tú, mi lucero del alba"
  • Hasta que el Infierno se congele
  • Bendito Castigo ▪︎ ALEJANDRO BALDE

Siempre quiso ser doctora. Desde muy pequeña, siempre supo que nada le hacía más feliz que cuidar de los demás. Años más tarde recordaba, en múltiples ocasiones, cuando se quedaba con la mirada perdida mirando a la nada, a su abuelo. Y cómo éste, en el final de sus días, con muchos achaques y quejoso, sentado en su sillón de orejas, privado de la vista y con la movilidad reducida en sus piernas, escuchaba a su nieta que le decía: -Yo te voy a cuidar y te vas a poner bueno, ¿Verdad, abuelo? -¡Sí, hija... Sí! -le respondía el pobre hombre. Aunque él sabía que le quedaba ya muy poca vida en sus carnes. -¡Mira, abuelo! Te pongo esta inyección. ¡Pero... no llores! que ya eres mayor y los mayores no lloran. ¿Eh? Al abuelo, ante las palabras de la niña, se le saltaban las lágrimas y trataba, en vano, que su niña no le viese llorar. Lloraba de tristeza. Sabía que la vida se le escapaba y quería aferrarse a ella para poder seguir al lado de un angelito que el cielo les había mandado. De un angelito que, tras su muerte, sería la prolongación de su vida en este mundo. El abuelo murió. Más tarde murió su abuela Caye y a ella le siguieron luego muchos más. Cuando uno es un niño no entiende por qué las personas tienen que morir y Luci no iba a ser una excepción. Lo que si tenía claro es que ella estudiaría mucho para ser doctora y sanar a las personas y que éstas no sufrieran dolores como su abuelo. De niña fue una buena estudiante.

Más detalles
WpActionLinkPautas de Contenido