las 11:50 am, y ella estaba sentada en el sofá,con su móvil,pensando en como pasaban las horas detrás de esa pantalla,no se explicaba porque personas a distancia le hacía mejor que la de su alrededor,de repente...ella se para a pensar,porque se había vuelto tan solitaria y a la vez fría, porque la traicionaron y lastimaron sin saber que ella era débil,siempre fue una niña alegre hasta que creció.Despues conoció a una persona,genial,la llamaba enanilla,no podía explicar como en tan poco días le cogió tanto cariño,pero cada día la quería más,era dulce sus palabras la derretían,ella le prometió estar siempre a su lado,y ella también,pero decidieron no decir para siempre,sino hasta el final,cada mensaje suyo le alegraba el día,era para ella tan especial,se conocieron por una red social,y desde ese momento empezaron a charlar,como si no hubiera nadie más que ella,para ella era su mejor amiga e incluso su hermana,así fue el día,cada noche la esperaba para hablar,se extrañaban,aunque a ella no le gustaba ver a su enanilla Triste,en ella encontró un apoyo,pero cada su mamá la llamaba por teléfono,y le contestaba siempre con la misma mentira,estoy bien,ella no quería que sus padres se preocuparan por su constante depresión no quería que sufriera por su culpa.
Para Park Sung-hoon, el matrimonio es solo un trámite necesario para asegurar su herencia y mantener el control de la empresa familiar. Para Loa, es una salvación inesperada cuando está al borde de perderlo todo.
Un contrato, seis reglas estrictas y un acuerdo sin emociones de por medio... o al menos, eso creen.
Loa y Sung-hoon no podrían ser más diferentes: ella, una artista soñadora con un pasado lleno de cicatrices; él, un heredero frío y calculador que solo ve el amor como una distracción innecesaria. Pero a medida que la convivencia se vuelve inevitable y las líneas entre el deber y el deseo comienzan a difuminarse, ambos descubrirán que el mayor problema no será fingir ser una pareja perfecta, sino evitar que los sentimientos reales destruyan el trato que los une.
Porque en este juego de conveniencia, el amor nunca fue parte del contrato... ¿o sí?