Un rey robó algo que jamás debió tocar Ese acto desató una maldición que lo condenó lentamente, destruyendo todo lo que amaba. Por robar conoció el amor, pero nunca vivió con ella. En vez de reconocer su error, eligió la guerra. Y su reino se convirtió en el muro que contuvo la fuerza de los imperios guerreros del mundo. Pero en los pueblos de Uruk, la brujería aún se susurra. Y en esas tierras pantanosas y llenas de fango, las palabras tienen poder
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