En el Sport Center, hay una enemistad muy grande entre los nadadores y los corredores.
Pero muy dentro del equipo de atletismo, se encuentra Alissa, luchando contra su último año en la universidad y su novio recién despedido del equipo de beisbol. Además que, ella debería estar luchando por sus sueños en vez de hacer de niñera de su novio, ¿o no? Las próximas carreras en su calendario no se van a ganar solas.
Alissa trata de resistir, entre entrenamiento y entrenamiento, padres que no la entienden, y la preocupación de que su novio se esté decayendo poco a poco.
Pero en un momento u otro, ella también va a caer.
¿La respuesta?
Ella solo necesitaba conocer a Matthew Cranmer.
La interacción entre ellos dos debería estar prohibida, pregúntaselo a cualquiera en el club y te enseñará un contrato firmado sobre eso. Pero mientras más Alissa habla con Matthew, más cuenta se da de que él no es como todos sus compañeros de equipo creen que es.
No hay nada malo con el nadador, y eso es lo que más miedo le da a Alissa, porque poco a poco él se va metiendo en su piel, en su mente, aun cuando sabe en su interior que eso podría costarle su cabeza.
Y todo, simplemente todo, podría ir mal.
¿Hasta que punto es posible sanar cuando todo lo que te rodea intenta destruirte?
Isaac siempre ha estado para ella. Desde críos nunca se han separado. Por eso, cuando comienza a sentir algo más que una amistad decide alejarla a toda costa.
Bajo un hogar lleno de gritos, donde debe madurar antes de lo previsto, no tiene espacio para alguien como ella. Alguien a quien podría llegar a destrozar y hacer pedazos.
Suerte que Arika Baxter tiene la testarudez que proviene de familia. Desde el principio le deja claro que él es suyo y hará lo que sea para estar con él. Sin importar que durante el proceso se destruyan mutuamente.
Lo que comienza como un tímido intento de amistad se convierte en un vínculo complejo, moldeado por secretos, traiciones y una conexión innegable. A medida que los años pasan, Arika e Isaac descubren que el dolor no solo los define, sino que también los une. Sin embargo, en ese mismo vínculo también yace el poder de destruirse mutuamente.
Pero crecer no siempre significa sanar, y aprender a amar no significa saber cómo quedarse.