Ben es casi completamente un chico normal, de esos que si dieras un vistazo superficial al vagón ni siquiera notarías; sin adicciones, gustos peculiares o siquiera un detalle en su aspecto que lo hiciera denotar, ya fuera un lunar o alguna cicatriz. Pero fuera de eso, Ben tiene un pequeño secreto, tiene sobre sí una maldición, o al menos así lo ve él. Gracias a esta maldición que arrastra desde su niñez, Ben no puede recibir heridas, debido a que estas son inmediatamente transferidas al ser vivo más cercano a él.
Alan es un chico de 18 años que tras salir de campamento por arte de destino se encontró con dos relojes extraños que le darán un giro de 180 grados a su vida