En algún momento de nuestras vidas, justo en el momento que menos lo imaginamos, llega alguien que sin pedir permiso, poco a poco va metiéndose entre tu piel y así, sin más, se aferra a tus venas y su amarre te produce cierta electricidad que te hace vivir.
De pronto todo comienza a tomar sentido, otra perspectiva. De pronto todo deja de doler y su suave resplandor te ilumina, te da calor...
De pronto ya no es una persona, de pronto ya se convirtió en tu sol particular.
Pero.... ¿Qué tan malo puede ser darle un título tan grande a una persona de la que no estamos seguros de cuánto tiempo se quedara?
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