Hace muchos años, existió en un lugar del sur de Chile un colegio muy especial. En una ciudad que en ese tiempo era pequeña, rodeada de cerros, paisajes verdes y bañada por una lluvia fría, en una preciosa avenida con cuidados jardines, había un estrecho pasaje. Al ingresar, en un costado, hermosas casas y jardines acompañaban al visitante hasta llegar al fondo, a una construcción imponente, de madera. La arquitectura era típicamente inglesa. Arriba estaba la fecha de la fundación: 1921. El colegio era de un matrimonio de profesores ingleses, que enseñaban su idioma, su cultura, sus costumbres a niños de todos los sectores de la ciudad. Los niños eran mayoritariamente católicos; los profesores, anglicanos. Protestantes. En los más de 70 años que funcionó ese colegio, nunca un niño católico escuchó una oración ni un dogma protestante. Quiero contar esa historia en homenaje a esos profesores. Yo estudié allí.
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