user04022026
A veces no hace falta estar llorando para estar mal. A veces el dolor no grita, solo apaga.
En estas páginas, una chica cuenta cómo se siente vivir cuando ya no se siente nada... cuando la vida sigue avanzando pero ella se queda detenida en algún punto que ni siquiera recuerda.
Entre la escuela, el silencio y las noches largas, aprende lo que significa ser "funcional" mientras por dentro se desmorona. Habla de crecer sintiéndose invisible, de cargar emociones demasiado grandes para una edad demasiado pequeña, y de tener que sonreír mientras se rompe sin que nadie lo note.
También narra la pérdida más fuerte de su vida: su perrita, su hogar, su salvación. La ausencia que quedó después no solo dejó tristeza, dejó un vacío que nadie supo entender. Y mientras intenta sobrevivir a ese duelo, también se enfrenta a otro tipo de dolor: amar sin ser elegida, confundiendo amor con soledad, aferrándose a migajas por miedo a quedarse sola.