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En 1998, cuando Corea del Sur intenta recomponerse y la juventud aprende a crecer demasiado rápido, Kim Ha-eun y Ji Seung-wan ya se conocen desde siempre.
Antes de entender lo que significaban las palabras, antes de saber que algunos sentimientos no se podían decir en voz alta, ellas ya se buscaban. De niñas se tomaban de la mano sin miedo, se quedaban dormidas juntas, se besaban sin entender que aquello podía ser un problema. Para ellas, amar era tan natural como respirar.
Hasta que un día las vieron.
Nadie gritó, nadie explicó demasiado. Bastó una mirada ajena para que todo se rompiera. Desde entonces, algo cambió. Seung-wan aprendió a negar, a llamar "error" a lo que antes era refugio, a esconderse detrás de la ironía, las palabras inteligentes y una distancia cuidadosamente construida. Convenció a todos -y casi a sí misma- de que aquello nunca existió.
Ha-eun, en cambio, nunca supo cómo dejar de sentir.
Convertida ahora en esgrimista, lucha cada día con la misma disciplina con la que intenta no perder a Seung-wan del todo. La observa desde lejos, la busca en pequeños gestos, en recuerdos compartidos, en silencios que pesan más que cualquier confesión. Intenta, una y otra vez, que Seung-wan la vea, que le preste atencion, que recuerde a la niña que fue, a la chica que aún es.
Pero amar en 1998 no es fácil.
Amar entre la mirada de una sociedad que no te hacepta como eres.
Amar cuando la otra persona finge no sentir es aún más doloroso.
Entre entrenamientos, pasillos escolares y noches donde el pasado regresa sin permiso, ambas enfrentan una pregunta que nunca se atrevieron a formular en voz alta:
¿Se puede negar un amor que empezó antes incluso de saber su nombre?
Esta es una historia sobre un amor que nació demasiado pronto, un beso que nunca se olvidó, y dos chicas atrapadas entre lo que sienten y lo que el mundo les permitió ser.
Porque hay amores que no se terminan cuando se dejan...
solo aprenden a doler en silencio.