pecadodeabril
Vittoria Lacy Russo Giordano tenía treinta y cinco años y sabía perfectamente lo que merecía.
O al menos eso creía.
Hasta que apareció Patricio Sardelli.
Entre encuentros a escondidas, llamadas que solo llegaban de madrugada y besos que nunca podían convertirse en algo más, Vittoria terminó atrapada en una relación que no tenía nombre.
Patricio nunca le prometió que la elegiría.
Pero tampoco la dejó marcharse.
Porque hay personas que no quieren tenerte, pero tampoco soportan perderte.
Y Vittoria estaba cansada de ser el secreto, la espera, la segunda opción.
El problema era que dejarlo ir dolía mucho más que quedarse.
Vittoria Lacy Russo Giordano tenía treinta y cinco años y sabía perfectamente lo que merecía.
O al menos eso creía.
Hasta que apareció Patricio Sardelli.
Entre encuentros a escondidas, llamadas que solo llegaban de madrugada y besos que nunca podían convertirse en algo más, Vittoria terminó atrapada en una relación que no tenía nombre.
Patricio nunca le prometió que la elegiría.
Pero tampoco la dejó marcharse.
Porque hay personas que no quieren tenerte, pero tampoco soportan perderte.
Y Vittoria estaba cansada de ser el secreto, la espera, la segunda opción.
El problema era que dejarlo ir dolía mucho más que quedarse.
Él no la elegía.
Ella no sabía cómo dejar de esperarlo.
Y quizás algunas historias de amor no terminan porque dejan de quererse, sino porque uno finalmente entiende que amar a alguien no significa aceptar las migajas que está dispuesto a darte.