elTerritorioAgro
La actividad agraria no es solo trabajo sobre la tierra; es una relación constante entre producción, recursos naturales y responsabilidad. Cada decisión empresarial impacta suelo, agua y aire, integrando economía y ambiente en un mismo sistema. Cuando la actividad se organiza profesionalmente, se convierte en empresa, y con ello surge la obligación de responder por los riesgos y efectos que genera. La rentabilidad ya no puede pensarse separada del entorno que la hace posible.
El marco jurídico argentino establece que las provincias poseen el dominio originario de los recursos naturales, mientras que el ambiente es reconocido como un bien jurídico público. Esto significa que su protección trasciende intereses individuales y se proyecta sobre toda la comunidad. El derecho a un ambiente sano introduce una dimensión colectiva que redefine el alcance de la actividad productiva y obliga a considerar el desarrollo sustentable como principio rector.
En este contexto, la empresa agraria enfrenta el desafío de integrar técnica, legalidad y sostenibilidad. Aplicar buenas prácticas, usar racionalmente la tierra y preservar la fertilidad no es solo una cuestión técnica, sino estratégica. El futuro productivo depende de comprender que ambiente y economía no son opuestos, sino componentes de un mismo equilibrio que debe sostenerse en el tiempo.