unhingedwriteresp
Dos días después del colapso, te infiltrás en el Estadio Nacional de Lima buscando algo que está adentro, y en los corredores de cemento del backstage, con una linterna agonizante y el olor a muerto embadurnado en la piel, encontrás cinco cuerpos inmóviles que reconocés sin querer reconocer: cables de micrófono enredados al cuello, transmisores en los cinturones, caras que alguna vez existieron en carteles y pantallas y videos que cerraste sin terminar de ver, cinco muchachos que alguien dejó encerrados aquí cuando el caos estalló y que ahora no se comportan como ninguno de los muertos que habías visto antes, quietos y coordinados y terriblemente unidos.