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"¿Y si mezclo los Ocho Vientos de la Magia? ¿Y si aprendo la magia rúnica de los dawi? ¿Y si me empapo en el Saber de la Ruina de los Skavens? ¿Y si me sumergo en la magia oscura y opresiva de Zharr-Naggrund? ¿Y si mezclo Dhar y Qhaysh? ¿Y si domino la geomancia de los Hombres Lagarto de Lustria?" Esa cadena de preguntas fue la que llevó a Tzarion, un joven mago de Marienburgo a los tentáculos de Tzeentch, el Dios de la Hechicería, el Conocimiento Prohibido y el Destino.
Acompañado por una banda de saqueadores del Caos de Tzeentch y algunos demonios del Gran Arquitecto, Tzarion, el "Nacido del Velo", ha ido robando códices, báculos mágicos, aprendiendo idiomas de los elfos oscuros o los hombres lagarto, canalizando los Ocho Vientos, aprendiendo la nigromancia arcaica. Su cerebro se hipertrofió, pero su cuerpo pagó el precio: su piel se volvió extremadamente pálida, sus ojos se tornaron heterocromáticos, azules y rosas, sus huesos se debilitaron hasta el punto del cristal. Le crecieron plumas iridiscentes en los hombros y un tercer ojo que ve el futuro y el pasado de quien sea que le hable se abrió en su frente. Desde entonces sólo se traslada montado en un Disco de Tzeentch allá donde los vientos de la magia soplen.
Y los vientos soplaron hacia el sur, hacia el Polo Sur de su Mundo, hacia la Grieta del Tejedestinos. El Portal estaba parpadeando con destellos de universos lejanos y mundos alternativos. El oráculo habló en acertijos: hadas, magia poderosa, gremios legendarios, lazos de amistad y sueños. Qué encantador... ¿Y si intento aprender esa magia? ¿Y si me uno a un gremio? ¿Y si juego con ellos como el Que Cambia las Cosas juega con sus peones?