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A las faldas del monte Fujikasane, en la prefectura de Yamanashi, se cuenta una leyenda urbana entre los cazadores del Cuerpo de Exterminio de Demonios. Una criatura, un ermitaño, una cosa más cercana al demonio que al hombre que habita en las grutas naturales del monte, alejado del camino de los aprendices del Cuerpo que realizan el examen de acceso. La leyenda es vaga, pero lo describe como un ser pequeño, menos de metro cuarenta, pero fornido, con venas marcadas, hollín en el rostro y colmillos que le atraviesan los mofletes. No tiene nombre, pero algunos le apodan "Kobi no Iwa" -el hombre enano de la montaña-
Pero al ser, al Kobi no Iwa, no le importaba lo más mínimo los humanos, ni los Pilares ni el Cuerpo. A él le importaba solamente una cosa: su forja, su martillo y la búsqueda incesante de combustible para su horno escondido en las entrañas de Fujikasane. Al contrario que sus otros congéneres, que anotan en pesados libros agravios milenarios, él ejecuta: él caza demonios para su propio beneficio, para su propia avaricia por el poder. Cadenas de Fuego Negro, un mosquete con bayoneta de hierro negro y su propio conjunto de maldiciones, Azharr-Kül, su verdadero nombre, está listo para hacerse con las almas y la sangre de las Lunas de Muzan y, si el Padre de la Oscuridad le bendice, el propio Muzan...