SamDiaries
El peso de la culpa tiene una forma extraña de adherirse al nombre de uno.
De todos los papeles que la vida pudo haberme asignado, terminé protagonizando el único que cualquiera en su sano juicio habría rechazado. Lo peor de todo no era la culpa en sí, sino saber que esto no se trataba de una función de teatro donde al caer el telón uno puede quitarse el disfraz y fingir que nada pasó. No, esto era la vida real; una en la que tuve que aprender a maquillar la verdad, a sonreír con el alma rota y a interpretar mi personaje de la manera más impecable y cruel posible.
Él. Tan cercano a la idea de ese príncipe de los cuentos infantiles que mi madre solía leerme antes de dormir, pero con un magnetismo demasiado real y peligroso.
Ella. La mejor amiga con la que había compartido la vida desde los seis años, la única, la incondicional. Todos decían que estaban hechos el uno para el otro, que ella era la pieza perfecta para su mundo.
Y yo... situada justo en el centro del abismo: enamorada en silencio del novio de mi mejor amiga.