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Hay lugares a los que las cosas no van cuando se rompen, sino cuando son olvidadas.
Tras la misteriosa desaparición de Milo, su oso de felpa preferido, Mateo descubre una grieta oculta en el zócalo de su habitación. Al atravesarla, cae en el Jardín de las Cosas Perdidas: un bosque melancólico y tenebroso iluminado por luciérnagas violetas, donde los árboles son lápices desgastados, el suelo está tejido con costuras viejas y los juguetes olvidados caminan bajo la sombra del tiempo.
Acompañado por El Botón Manco, un muñeco de trapo tuerto y desconfiado, Mateo se adentra en las honduras del bosque para rescatar a su amigo. Sin embargo, pronto descubre la regla más oscura del lugar: en el Jardín nada cobra vida gratis. La Titiritera de Hojalata, una criatura mecánica que gobierna desde las penumbras, exige un peaje por cada paso dado.
Para recuperar los fragmentos de su infancia y salvar a Milo, Mateo deberá decidir cuánto está dispuesto a pagar, sabiendo que el precio a entregar no son objetos, sino sus propios recuerdos del mundo real.