JisooSiwanYuriJian
El fin del mundo no llegó con explosiones ni sirenas. Llegó en silencio, dentro de una escuela, y se propagó más rápido que el miedo.
Primero fueron las ausencias. Después, los gritos. Finalmente, el hambre.
Cuando la infección comenzó a recorrer los pasillos, nadie murió de inmediato. Los cuerpos siguieron moviéndose, respirando, mirando. Pero algo esencial empezó a perderse en el proceso. Algo que no vuelve.
Encerrados entre aulas vacías y puertas bloqueadas, un grupo de estudiantes intenta resistir mientras el mundo exterior desaparece. No hay rescates, no hay respuestas, no hay promesas de salvación. Solo decisiones imposibles, vínculos que se quiebran, y la constante duda de si todavía queda algo humano en ellos.
Porque la infección no empezó en la sangre, sino en el miedo.
Y cuando el miedo toma el control, incluso los vivos pueden convertirse en algo irreconocible.
Sobrevivir no garantiza seguir siendo humano.
A veces, solo significa aprender a convivir con aquello en lo que nos transformamos.