Marsonante
"Jota" no es un nombre. Es un apodo. Una etiqueta. Un eco de lo que pudo haber sido.
Nadie le dio un nombre. Nadie le dio un hogar. Nadie le dio una razón para quedarse.
Creció en las calles, entre sombras, entre cartones mojados y miradas que pasan de largo. Aprendió a sobrevivir antes de aprender a hablar. Y la única guía que conoció fue la que quema, la que olvida, la que promete alivio y devuelve vacío.
Esta es su historia. O lo que queda de ella.
Un viaje al interior de una infancia robada. Un retrato sin filtros de lo que significa crecer sin amor, sin techo, sin futuro.
Y una pregunta que late en cada página:
¿Cuántos Jotas hay en las calles, esperando que alguien los mire?