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El poema presenta una cicatriz en la palma de la mano como algo más profundo que el recuerdo de una herida. La marca se convierte en la firma permanente de una primera desobediencia: el instante en que alguien decidió seguir su propio camino y descubrió que toda elección deja consecuencias.
Aunque el dolor desapareció y los detalles del pasado comenzaron a borrarse, el cuerpo conservó la cicatriz como una memoria silenciosa. No representa únicamente culpa ni orgullo, sino la frontera entre la persona que debía obedecer y aquella que decidió construir su propia identidad.
"La marca" reflexiona sobre la libertad, las decisiones y la manera en que sanamos sin volver a ser quienes éramos. La herida cerró, pero dejó una prueba visible de que algunos caminos no solo son elegidos por nosotros: también terminan transformándonos.