JuanCarlosRodriguezS
Hay historias breves que funcionan como un destello en una habitación a oscuras: iluminan lo justo para dejarnos ver el abismo y, de golpe, nos devuelven al principio.
Paradoja cero tiene esa precisión de los relojes antiguos que marcan la hora exacta en la que el tiempo deja de avanzar. No sobra nada; cada palabra sostiene el peso de una ausencia que se anuncia antes de suceder.