Polichinella
"La marea tira, yo cedo. La marea tira, yo voy..."
Nadie le presta atención a la servidumbre. Somos invisibles. Quizás por eso fui la única en notar que el príncipe que rescataron del mar ya no era humano.
Después de días desaparecido en un naufragio, el heredero al trono aparece en la orilla. Pero mientras la corte celebra, yo soy quien limpia sus aposentos. Yo soy quien encuentra las escamas en las alfombras. Yo soy quien escucha sus murmullos sobre una mujer de ojos negros como el alquitrán y piel de hielo.
Mientras el príncipe pierde la cordura y su cuerpo se transforma en algo que pertenece a las profundidades, el terror se apodera del castillo en silencio. Porque él no está loco. Algo lo salvó de morir ahogado, y ahora a venido a cobrar su deuda.