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────𝐌𝐀𝐋𝐀𝐂𝐇𝐈 𝐘 𝐀𝐋𝐌𝐀 no eran novios, ni amigos, ni nada que se pudiera explicar sin quedar medio mal. Eran un garche fijo. De esos que empiezan con "tengo la casa sola" y terminan sin desayunos compartidos ni preguntas incómodas. Él mandaba el mensaje; ella iba. Simple.
O eso parecía.
Porque Alma, linda y despierta, hacía rato que estaba enamorada. No de Malachi posta, sino de la versión que se había armado en la cabeza: la del pibe que no existía, que fingía ser algo mejor de lo que era. Y cuando finalmente lo entendió -cuando vio que el Malachi real era bastante más una mierda- empezó a correrse, a buscar algo distinto, algo más lindo para ella.
Y ahí pasó lo inesperado.
Cuando Alma dejó de ser la chica de noche, la de siempre, la disponible 24/7, Malachi descubrió que no le daba tan igual como decía. Que su ausencia pesaba. Que la necesitaba. A ella.
Mientras tanto, Alma cargaba con una verdad vieja: para ella, los hombres siempre iban a fallar. A los siete años aprendió que incluso el que más amás puede ser una decepción. Ahora, con dieciséis, y Malachi con diecisiete, ambos iban a tener que decidir si estaban condenados a repetir lo mismo... o si podían construir algo distinto, incluso desde el desastre.