_Narama
Vega lleva casi una década ayudando a parejas a no romperse.
Lo hace bien. Demasiado bien, quizá, para alguien que lleva años ignorando las mismas señales en su propio matrimonio: la distancia que nadie nombra, el silencio que se hace costumbre, la sensación de que algo se ha apagado tan despacio que ninguno de los dos supo exactamente cuándo.
Cuando Isaac Valdés y Clara Montes - cantante y estrella mediática, pareja oficial, desastre privado - llegan a su consulta, Vega reconoce de inmediato el patrón: uno todavía lucha, el otro ya solo comparece. Lo que no espera es que algo en la forma en que Isaac habla, calla y mira empiece a colarse por donde no debería.
La propuesta llega antes de que pueda poner distancia: acompañarlos durante la gira, sesiones adaptadas, compensación generosa. Vega acepta por razones que no tiene muy claras y que prefiere no examinar demasiado.
Lo que encuentra al otro lado no es solo una pareja en crisis.
Es un cantante que lleva años siendo exactamente lo que todos esperan de él y que ha olvidado cómo ser otra cosa. Una influencer dispuesta a cualquier cosa por mantener una imagen que sostiene su mundo entero. Un equipo de mánagers que no hacen terapia - hacen control. Y una dinámica que, lejos de la consulta y dentro del caos constante de una gira, no tarda en convertirse en algo que ninguno de los dos sabe cómo gestionar.
Entre lo correcto y lo que siente hay cada vez menos distancia.
Y eso, para alguien que lleva años sabiendo exactamente cuándo una relación está cruzando una línea, es el problema más difícil que ha tenido que enfrentar.
Porque esta vez la línea la está cruzando ella.
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