agusdolar
Vivimos en un mundo fingiendo que somos libres... Como si fuéramos libres de elegir a donde queremos ir, el lugar para dormir, la forma de vivir...
Casi todos los días ensimismados en nuestras rutinas transitamos las mismas calles de la ciudad. Mientras... observo como el tiempo pasa, la gente resignada continua su viaje a un destino que quizás no es el que desean. Solo porque no queda otra... A veces cuando miro por la ventana del metro pienso que me gustaría arrojarme de ese mismo camino e ir a donde se me plazca en ese mismo momento.
¿Podría realmente caminar cada día otra calle diferente de mi querida ciudad?. ¿Podría vagar reconociendo cada detalle y armando nuestra historia?. Pero observo como sigo en movimiento mientras la ventana sigue despidiendo cuadras. Es como si estuviéramos programados dentro de un juego en donde se repiten los mismos escenarios, el mismo padrón, las mismas caras, las mismas calles, la misma historia. Y existiera una delimitacion invisible que nos bloquea el salir de un camino ya pavimentado por la rutina y los deberes.
Nos prometen en la infancia que con esfuerzo uno vuela hacia donde quiere. Nos nos avisaron que solo íbamos a poder elegir dentro del marco que el mundo nos ofrece a nosotros.
Nos enseñaron que allá afuera hay lugares de sueño, pero no nos avisaron de que necesitas un pasaporte, dinero, un permiso o visa, vacaciones en el trabajo, y sobretodo conseguir uno que te permita hacerlo.
Nos venden sueños empacados en cajas que la mayoría solo puede contemplar de lejos, saborearse de ellos a través de la imaginacion que sera el único lugar donde lo conseguirán.
Nos enseñaron que con esfuerzo seria suficiente, pero no se dieron cuenta que este es el mundo del dinero, solo quien lo pueda comprar lo tendrá.
Nos venden ilusiones falsas, para que como trapos limpiemos la antesala de reuniones con asientos ya asignados. Prometiéndonos que algún día nuestros nombres también tendrán espacio en un mundo en el