Porsha16246001
Todavía recuerdo cuando visitaba a mi abuela, llegaba y de una vez notaba aquel olor que le hacía honor a su nombre: Canela. Los Berenice nunca fuimos la familia más unida, pero ella fue para mí lo que mis padres no pudieron ser hasta el día de sus muertes en un accidente.
Viví con mi abuela toda mi niñez, vi de primera fila su recetario, era como ver el santo grial, llevaba tantos años con ese libro pero aún parecía recién comprado, amaba cocinar con ella y que soltara suaves detalles sobre la cocina.
La acompañé en todo momento, desde el día en el que abrió su pequeño café en el centro de la ciudad, donde me dijo "El día que yo no esté, cuídalo con el amor que yo te tengo".
Pero ahora ya no está.
A mi abuela la acompañé así como ella me acompañó a mí, veo su refrigerador cada mañana, viendo las imágenes que ella misma había tomado en mi nacimiento. Y ahora?
Ahora tengo a toda mi familia en la misma casa para lamentarnos por su muerte, familia que yo no sabía que tenía, familia que me mira como si esperaran dinero, y luego se encuentra... él, jamás lo había visto, ni a él ni a sus padres que son los únicos que parecen conocerme. Él es el último muchacho con quien yo quisiera juntarme, y ahora, ni siquiera es un Berenice, pero camina por mi casa como si fuera suya.
Dante, ese es su nombre, el nombre que ahora me atormenta y me recuerda que a las comidas pueden echársele veneno.