manonmejodas
Todos en el Club Libertad tenían una cábala.
Algunos usaban siempre las mismas medias. Otros entraban a la cancha saltando para caer con el pie derecho en aquel lugar de tierra o se sentaban en la misma tribuna cada fin de semana.
La de Ailén era mucho más simple: quejarse por tener que acompañar a su hermano a los partidos.
La de Lisandro, aunque nunca lo admitiría, era buscar con la mirada a la vecina que parecía haber nacido solo para llevarle la contra.
Ninguno entendía por qué.
Todavía eran demasiado chicos para ponerle nombre a ciertas cosas.
Pero hay historias que empiezan mucho antes del primer beso.
A veces, empiezan todos los sábados.