MarianaPurpura
¿Qué tan complicado podría ser esperar unos meses a qué volvieras?
No lo sabía.
Jamás había esperado sentada a que fuera mi turno.
¿Qué tanto nos podría afectar la distancia?
No lo sabía.
Jamás había estado esperando el regreso de una versión que dejó de existir en el camino.
No sé cuánto pesaba.
Pero mi esperanza moría día con día.
Silencio con silencio.
Se aferraba a cada mañana, pensando que sería diferente.
Pero las horas pasaban y noticias tuyas jamás llegaban.
La esperanza me estaba agotando, me entristecía.
Hasta que una tarde, después de ver algo que no debí, algo que no entendí. Mi esperanza murió.
Ahogada entre muchos te quiero, te extraño, te amo.
Murió sin ser vista, sin ser abrazada.
Murió de chingazo.
Fue lo mejor.
No agonizó.
Solo cerró los ojos y el viento se la llevó muy lejos.
El peso de la esperanza me costó noches de insomnio,
kilos menos en mi cuerpo y,
cansancio en mi alma.
Fue demasiado.