SamuelGutirrez4
Sami y Dani se conocían desde noveno grado, pero durante mucho tiempo no fueron más que dos rostros conocidos entre pasillos, salones y saludos ocasionales. Todo cambió en décimo, cuando Dani, con su forma seria y difícil de leer, soltó una frase que Sami no pudo ignorar:
-Salude al menos.
Fue algo pequeño. Casi insignificante.
Pero suficiente para despertar su curiosidad.
Sami es alegre, sociable, divertido y cariñoso, aunque mucho más sensible de lo que parece. Dani, en cambio, es fría, seria y reservada con casi todos... excepto con él.
Con Sami, Dani cambia.
Se ríe más. Habla más. Se vuelve cercana, confianzuda y hasta inesperadamente divertida.
Y ahí empieza el problema.
Porque cuanto más se acercan, más difícil se vuelve entender qué son realmente.
Entre horas sociales, conversaciones que se alargan demasiado, miradas que duran más de la cuenta, celos que ninguno quiere admitir, bromas que terminan hiriendo, rumores, orgullo, silencios y personas que aparecen en el peor momento, Sami y Dani empiezan a construir algo que ninguno sabe cómo nombrar.
Él puede pasar de hacerla reír a quedarse completamente callado cuando algo le duele.
Ella puede tratarlo como si fuera la persona más importante de su mundo y, al día siguiente, volverse tan fría que Sami empieza a preguntarse si alguna vez la conoció de verdad.
Y cuando los sentimientos se mezclan con inseguridades, malos entendidos y cosas que nadie se atreve a decir, una relación puede cambiar en cuestión de segundos.
Porque a veces no hace falta una traición para romper algo.
A veces basta una frase mal entendida.
Una mirada en el momento equivocado.
Un rumor.
Un mensaje sin responder.
O una persona nueva acercándose demasiado.
Sami y Dani tendrán que descubrir si lo que existe entre ellos es realmente amor... o una conexión tan intensa que puede terminar uniéndolos o destruyéndolos.
Ella era fría con todos. El problema comenzó cuando dejó de serlo con él.