TomiDG
No es bueno empezar pidiendo perdón, creamos una imagen que no es la que aquí queremos pintar.
Me atrevo a hacer lo que me sale fácil pero no es lo más ético. Les voy a decir que hacer.
Es así, mientras llueve en casa, al mejor estilo de Chopin y los vientos invernales mueven mis electrónicas hojas, escribo.
Lo que debemos hacer, lo que creo, es invitar a correr, correr una maratón, algunos metros o muchos más kilómetros. Lo que cada uno pueda, lo que cada uno deba, hasta llegar a su fin. Pero eso sí, sin dejar de ser feliz, aunque esta felicidad de lata, sea artificial.
En esta carrera donde somos los únicos competidores, donde la meta es relativa y el premio que inspira no es mucho más que la nada, debemos diseñar, debemos encontrar la fórmula.
De tintes argentos a la luz de astro nocturno, no debe hacernos bien, no debe hacernos mal, solo inocencia ser.
Esta fórmula, se auto gestiona, en otras palabras, funciona y deja de funcionar gracias a sí misma, pero parece tener predilección por el reino de Nix.
Entre clásicas canciones y malas gargantas, estos algoritmos con la perseverancia del koi buscan llevarnos a aguas más calmas.
Dando vueltas como Ravel, estos números, estas expresiones objetivas y prometedoras, parecen haber aparecido del aire, de la imaginación o la demencia. Y como llegaron, del aire, la imaginación o la demencia, también se fueron. Entonces me di cuenta que con ella no puedo esperar una rehabilitación. Y tuve que salir.
Un día, sobrio como nunca, empecé a reír, y no puedo dejar de escuchar aquellos simples compases que inspiraron estas letras. Y esos compases no los pienso arruinar como a los demás (ahora se ve conveniente pedir perdón), los cuido y trato de no perderlos. Pues hasta el papa los necesita de vez en vez.