prologue

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—Ah, olvidate de él.. y de venir acá cada fin de semana—un hombre de unos aproximadamente 45 años le habló.— Tu destino no cambiara. Pero si ese fuese el caso yo no estaría haciendo una fortuna.

Jung Hoseok había ido con un hombre que leé cartas del tarot, solo para saber si algún día él y su ser amado tendrían la oportunidad de estar juntos.

—¿Tengo que decírtelo de nuevo?—suspiró, mientras limpiaba una de sus preciadas figuras de greda.—Has tenido una vida dura y la seguirás teniendo. Y no tienes ninguna oportunidad con este hombre—con su dedo índice apuntó la imagen del joven que Hoseok había llevado.—Desearía lo contrario pero esa es la verdad.

El joven no se había dado cuenta de que aquel trabajador lo estaba criticando por su apariciencia, y que lo único que queria era su dinero. ¿Pero a quien le mentía?

—No me diga que está escrito en mi carta—Hoseok respondió con pena en su voz, el creía en esas cosas.

—Lo está.

—Pero uno nunca sabe—el hombre miró a Hoseok incrédulo, como alguien con su apariencia podría tener una voz tan suave y grave a la vez.

De lo cansado que estaba, golpeó la mesa. Hoseok se hizo pequeño en su lugar del repentino susto.

—¿Entonces porqué tratar de saberlo?—nuevamente suspiró, dejando la figura a un lado y tomando un lápiz. —Te escribiré un amuleto. Mira tú cabello, ¿cuando fue la última vez que lo lavaste?

Por instinto, el azabache llevó una mano a su cabello con la intención de olerlo.

—No te garantizo nada con esto. Libre de cargo, tómalo y vete—mencionó ya desesperado por que el menor se fuera.

Hoseok asintió alegre tomando aquel pedazo de papel pintado y se levantó.

—¿Y ahora que sucede?—cansado, el hombre miró a Hoseok, rogándole con la mirada que por favor se largara de ahí.

—Déjeme hacerle una reverencia, para mostrar mi gratitud—habló con amabilidad, comenzando a arquearse para hacerla.

—N-no hace falta, vete por favor—indicó con la mano, el azabache no le hacía casó.—Solo ve, ve—susurró.

—¡Gracias señor!—se inclinó, y debido a su cuerpo y a lo pequeño de el lugar, cayó en la pequeña mesa de mármol. Manchando de tinta roja al hombre. —O-oh.

Nervioso tomó el primer paño que encontró cerca y comenzó a limpiarle el rostro, no sirvió bastante pero su esfuerzo en arreglarlo era notable. Sollozo nervioso y dejó de limpiar cuando se dio cuenta del esfuerzo nulo.

Ambos estaban en silencio, y fue ahí que Hoseok se dio cuenta de que ya no tenía el amuleto en sus manos, quedó debajo de una de las patas de la pequeña mesa. Observó al hombre y levanto un costado para tomarlo, provocando que la figura que había sido limpiada por el de mayor edad, cayera al suelo y se rompiera en pedazos grandes.

Aquel señor tomó tiritando de furia lo que quedaba de la figura, dándole una y otra vez a la esquina de la mesita con tal de romperla más.

—Bien echo muchacho, sigue así—habló con un sarcasmo sin ganas, Hoseok se mordía el labio inferior por su error. —Tengo curiosidad, ¿en que eres bueno?

Lo cierto era que, Jung Hoseok tenía un trabajo en el que no lo criticaban por su apariencia, y sacaba provecho de su buena voz. Podrían decirse llamadas de tono para complacer y ayudar a pobres almas con el corazón roto. Pero no se equivoquen, Hoseok realmente es un cantante.

200 libras de belleza - JunghopeDonde viven las historias. Descúbrelo ahora