Recuerdo hace mucho cuando al ser pequeña mi madre se acercó a mí y se sentó conmigo en mi cama, yo estaba llorando ya que gracias a mi hermano que me había contando una historia de vampiros no podía dormir. Ella tan cariñosa y atenta como siempre se recostó junto a mí y mientras acariciaba mi cabello menciono esa frase que jamás olvidare.... "Los vampiros no existen mi niña..."
Desde ese día han paso ya dos siglos, aún tengo dieciocho años y creo que siempre los tendré. ¿Cómo es que he vivido tantos años? Simple, alguna persona que quiso destruir mi vida me convirtió en vampiro. ¿Qué no existen? Pues aquí estoy yo y créanme, soy real. Siempre he deseado encontrar a esa persona que quizá me salvo la vida o me la destruyo, a veces preferiría haber muerto a ser este horrible monstruo en el que me convirtieron.
Muchos de los de mi especie viven en familias pero yo estoy sola en el mundo, no pude volver con mi familia ya que temía que pudiera matarlos bajo la maldita sed de sangre que hacía que me ardiera la garganta. Lo único bueno de ser inmortal es que he vivido por muchas épocas y he aprendido lo suficiente para poder sobrevivir, literalmente, en este mundo.
¿Qué más puedo decirles de mí? Mi dieta es estricta, sangre nada más. Tengo la piel fría, una fuerza sobre humana y soy más veloz que cualquier cosa. Mis ojos, ya a estas alturas, se han vuelto amarillos por el tiempo que llevo siendo vampiro. Algo peculiar en mí es que no cazo a personas, solo animales, jamás podría perdonarme el matar a un hombre o a una mujer.
Aquel día, practicando como doctora en el hospital de Canadá, ya que siempre me había gustado ayudar a los demás, me encontré con un caso muy peculiar. Un chico de apenas dieciocho años estaba muriéndose de fiebres muy altas, los doctores intentaban ayudarlo a que sobrevivirá pero el diagnostico era que no le quedaban más de veinticuatro horas.
Me acerque lentamente a su camilla, cerciorándose de que nadie estuviera cerca, lo observe un largo rato, era hermoso, perfecto. De un momento a otro sentí una conexión con él, no podía permitir que muriera, debía ayudarlo como hizo esa extraña persona conmigo.
Me acerque a su cuello, el olor de su sangre era deliciosa pero me contuve lo más que pude para no salirme de control. Lo mordí y al instante un fuerte grito irrumpió en el cuarto, tendría que extenderse todo el veneno hasta que el dolor se pasara. Lo veía retorcerse de dolor, fue duro pero me di cuenta que lo había salvado. Lo que jamás pensé fue que no solo había creado a un vampiro, sino que había creado al amor de mi vida.
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Vampire
Teen FictionEstar congelado por fuera pero sentirse arder por dentro; eso es sentirse vivo, muerto y al mismo tiempo no sentir nada; vivir para ti pero no seguir viviendo. Eso es ser vampiro.