Con renovado entusiasmo Sagitario se sacudió el polvo de la ropa y se colgó la mochila en la espalda.
Era lunes y como se esperaba de un buen inicio de semana Sagitario acababa de caerse mientras corría apresurado hacia el colegio, no tenía una maldición encima, eso era claro, sólo era torpe a un nivel inexplicable.
No había como explicarlo, pero ese hecho inició cuando apenas cumplido los dos años y le pareció demasiado llamativo la bola roja que se le pegaba a la cara y decidió aplastarlo con la mano, fue una curiosidad infantil ni siquiera dolió, pero le valió el grito escandalizado de su madre y un susto de muerte.
No lo recordaba, pero era un hecho que a su padre le encantaba recordar con bastante frecuencia, solía reírse mientras imitaba sus expresiones y daba una actuación mucho más exagerada y graciosa de lo sucedido. Sonrió al recordarlo mientras corría y evitaba varios accidentes por el camino, desde ese día ya habían pasado 14 años, ahora estaba apuntó de cumplir los 16, a finales de diciembre, pero aún era marzo, el inicio de clases.
Cruzó la última curva y grito "Aries" cuando divisó un poco de pelo rojizo esperando por el, Aries, como si ya lo hubiera automatizado abrió los brazos y evitó que sagitario se diera de cara contra el piso en un intento de abrazarlo, lo levantó ayudando a que se equilibrara sobre sus pies para luego soltarlo, sin evitarlo su mirada se dirigió a la mejilla derecha de Sagitario, donde un raspón rojo residía gustosamente, Aries levando la mano y con una delicadeza extraña en él, tocó la mejilla de Sagitario y la sobo como si fuera a desaparecer con eso, observó preocupado la nueva herida en su rostro.
Suspiro casi con cansancio, sacó un pañuelo de su mochila, la mojo en una esquina y sobo con ello su herida, después de limpiarla busco una venda en su mochila y luego de encontrarla se la puso en la cara a Sagitario.
—¿Cuántos años tienes?— dijo a modo de reproche — Deberías empezar a tener más cuidado, ya eres casi un adulto, no puedes estar cayendo te siempre.
Aries paso su mano adornada con dos anillos, plateado y dorado, por su propio cabello y acomodo su mochila, echando a andar hacia el paradero que solo estaba a 10 metros de distancia, Sagitario lo siguió cual cachorro dando saltitos aún con entusiasmo.
—No tengo que preocuparme mucho, ya que estarás tú—dijo animado sonriendo.
—No soy tu niñera—mascullo—y no estaré allí para siempre.
Sagitario sonrió. Aries no era el ejemplo de delicadeza o algo parecido, pero cuando alguien le importaba realmente solía volverse muy amable con esa persona. Aunque le encantará negarlo, la prueba de ello era el pequeño kit de emergencia que aprendió a cargar desde la primaria, cuando sagitario se hacía hedidas a diario en la rodilla, codos, brazos o piernas, las cuales se hacía jugando en el parque. Por un momento creyó que estaba siendo intimidado en el colegio o por por sus vecinos pero no era así, le costó bastbte esfuerzo convencerlo de ello, en una ocasión Aries pasaba tomado de la mano de su madre por el parque, había quedado con Sagitario para jugar ese día, lo busco entre el arenal de los juegos cuando escucho unos gritos y carcajadas de varios niños, justo bajo el tobogán, vio como tres niños tan solo de 6 o 7 años atacaban a un Sagitario de 6 años acurrucado en el suelo, gritaba que pararán, daba patadas al aire pero los otros sólo lo ignoraron.
Aries se soltó del agarre de su mamá y corrió hacia Sagitario para auxiliarlo y quedó pasmado al ver cómo lágrimas se deslizaba por sus mejillas.
—¿Aries?—había dicho en ese momento mientras se incorporaba—¿Qué pasa?—preguntó sin aliento.
Aries fue sostenido por su madre antes que se lanzará encima de alguno de los pobres muchachos con intensiones asesinas. Ahora sabía que no era más que un ataque de cosquillas, aunque costó mucho trabajo convencerlo, ninguno salió lastimado, a excepción de Sagitario, quien se chocó la cabeza contra el tobogán cuando quizo pararse para tranquilizar a Aries.
Aries miró a Sagitario sentado a su lado, Sagitario tenía su cabello castaño largo, casi tapando le los ojos, debería llevarlo al peluquero este fin de semana y talvez de paso ir al cine o a comer helado como tanto le gustaba a su amigo. Dejó de mirarlo cuando el bus del colegio se estacionó en la parada, subieron cuando se abrieron las puertas, Aries después de Sagitario y con ello evitó que sagitario se resbalar a por detrás, sería un día largo.
El bus estaba casi vacío, a excepción de otros 5 asientos, un par de chichas conversaban animadas haciendo señas, los otros parecían querer consolidar el sueño una vez más, y al final del bus estaba Escorpio, tecleando algo con pereza en el celular.
—¡Escorpio!—llamó sagitario ignorando la mueca de Aries—¡Buenos días!
El nombrado levantó la cabeza y una sonrisa perezosa se dibujo en su rostro, levantando la mano para corresponder el saludo.
Sagitario camino hasta el y se sentó a su lado, miró a Aries y palmeo el asiento a su derecha invitándolo a sentarse también, arrastró los pies para dejar en claro su desacuerdo y se desplomó sobre el siento ignirsbdo por completo a Escorpio quien hacia lo mismo y solo enfocaba su atención en Sagitario, el cual hablaba entusiasta sobre sus vacaciones.
Aries no podría entender cómo se hicieron amigos ambos y Sagitario nunca se había detenido a explicárselo hasta ahora.
Frunció el ceño cuando Escorpio pasó sus dedos sobre la venda de Sagitario.
—¿Otra vez?—preguntó divertido —¿qué fue esta vez? ¿Una escalera, una pared...?
—Me resbale—dijo luciendo avergonzado.
Y allí iba otra vez, sagitario siempre se comporta a tímido al rededor de Escorpio y eso empezó a cansarlo desde que Escorpio parecía más cercano a Sagitario.
—sólo ten más cuidado—sonrió y acarició su cabeza.
Sagitario asintió y se mantuvo callado hasta que Escorpio hizo alguna pregunta que pareció cambiar el ambiente.
No tenia pruebas, pero Escorpio, sin lugar a dudas parecía alguien peligroso

ESTÁS LEYENDO
La Curiosidad Mató Al Gato [Zodiaco Bl]
RandomSagitario siendo demasiado curioso para su propio bien