Prólogo

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La oscuridad ya reinaba en la habitación cuando desperté de forma abrupta. No recordaba nada , sólo quedaba la sensación de su olor, sus labios, su tacto en mi piel y un sin fin de recuerdos hermosos.

Odiaba al mundo por no dejar florecer nuestro amor... Siempre habían dicho que estaba loca, que era imposible pero cuando se ama de verdad no existen límites ni condiciones. Sólo sucede.

-¿No es muy pequeña para estar aquí, señora Manson?- decía una voz tenue y un poco apagada.

Escuché el llanto de mamá a través de la puerta grande de metal dónde me encontraba sin saber por qué, entonces la otra voz chilló de asombro y de preocupación; parecía que le daba ánimos a mamá. Sabía que algo no estaba bien y presentía que era una especie de prisión o castigo ya que mamá era mi principal enemiga y la única que me quería lejos de él.

-Fui muy estúpida-.

-No puedo imaginar por el infierno que han pasado, Darynka estará bien acá se lo aseguro-. decía esa misma voz.

En medio de mi confusión tuve que sacar la suficiente fuerza para gritar, suplicar, y rogar porque me sacaran de ahí; yo sólo había peleado por lo que era mío y no era justo estar encerrada para pagarlo. Era como si me quitaran una parte de mí alma o quizá toda, no concebía tener que pasar toda una vida esperando a ser liberada.

-¡Déjenme salir, no tienen ningún derecho!-. grité furiosa con la intención de ser escuchada por todo el mundo. Al otro lado sólo se escuchaba el sorbeteo y los lamentos de mamá.

-Te quedarás ahí hasta que sanes, realmente no sé si puedas hacerlo pero si lo haces ya no podré verte a los ojos....-. susurraba con la voz deshecha.

Tenía tanto rencor y dolor hacia ella que no pude evitar decirle lo que había estado pensando todo este tiempo, lo que debí hacer desde un inicio para que no me impidiera estar con el único ser al había amado durante tanto tiempo en un silencio brutal. Un dolor imparable que me quemaba por dentro cada vez que esa malnacida lo tocaba.

-Debí matarte primero a ti, maldita zorra.- reí y comencé a patear la puerta tan fuerte que todo en mí retumbó.

Los pasos de mamá desaparecieron formando un lejano eco, imaginaba que estaría llorando sangre o algo parecido pero, ¿qué más daba? ella era la culpable de todo, la muerte de Jenny, el suicidio de la abuela y la tremenda locura de mi tía.

Ese era el costo que debían pagar todos por meterse entre el gran amor de mi vida y yo.

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