El tiempo es algo tan frágil que con el más mínimo cambio se puede romper, tan fugaz, tan efímero, envenenado y a la vez una promesa tan hermosa. Las tres en punto, era lo que marcaban las agujas del reloj de Hazel, la madre de Maghra, el cual era de un hermosísimo rojo escarlata con detalles dorados en relieve con forma de espiral en la tapa. En la parte trasera de este se encontraba grabada la oración "En sus preciosos engaños puedes caer mas para liberarte tan solo de él te debes desprender". Esta siempre le había parecido un tanto misteriosa a Maghra, una niña de diez años con un ondulado pelo de color negro, oscuros ojos marrones y pálida tez acompañada por graciosas pecas aquí y allá. El reloj, antes de pertenecer a Hazel le había pertenecido a su madre, el cual del mismo modo había pertenecido antes a la madre de su madre, es decir, su bisabuela. Hazel nunca le habría dejado a Maghra sacar a la calle tal reliquia familiar, por ello, ella lo cogió a escondidas sin que su madre se percatara.
Debajo de un almendro, en mitad del campo, el cual se encontraba junto a su casa, acompañada por los dulces cantos de los pájaros y la compañía de su libro favorito "El canto del ruiseñor" se encontraba Maghra cuando un pequeño gato, blanco como la nieve y suave como la seda, se acercó a ella. Tenía los ojos de color verde esmeralda con destellos multicolores, los cuales parecían pertenecer a otro universo y unos bigotes extremadamente largos. El gato se acercó al reloj y lo recogió del suelo con su boca, pero ella estaba tan inmersa en su lectura que no se dio cuenta de ello. Cuando finalmente levantó la vista, el gato se alejaba corriendo hacia el bosque de los susurros.
-Espera, ¡no te puedes llevar eso!- gritó Maghra pero el felino prosiguió su camino.
Esta entonces empezó a correr tras él dejando detrás de ella todas sus pertenencias. El camino estaba bien asfaltado hasta que se adentraba en el bosque donde poco a poco se iba estrechando y se volvía escarpado. Los inmensos y frondosos árboles sólo permitían que unos poco rayos de luz se pudieran asomar entre sus hojas, por lo que era muy oscuro. El ruido que producían las hojas movidas por el viento se asemejaba tanto a susurros que Maghra no podía evitar estremecerse, eso sin mencionar las extrañas siluetas que dibujaban los árboles los cuales parecían estar agrietados y tener ojos tallados en ellos. El miedo que le invadía a Maghra hacía que se sintiera constantemente tentada a volver a su pacífico almendro y dejar que el reloj se perdiera en lo profundo de aquel tétrico bosque. Las rodillas le temblaban tanto que parecía que en cualquier momento se iba a caer, fue entonces cuando notó un viento desconocido el cual provenía de una grieta en la base de la montaña de las ilusiones. En ese momento empezaron a caer gotas de agua del cielo, había comenzado a llover.
Maghra se acercó hacia la grieta y empezó a escuchar el agua de un río golpear contra la roca por lo que decidió colarse por el pequeño hueco y tras bajar, quedó maravillada por lo que veían sus ojos. Ante ella se encontraba una enorme cueva de paredes de caliza blanquecina con un río subterráneo de aguas azuladas prácticamente transparentes, las cuales emitían sonidos metálicos debido al choque con las paredes. Estas estaban habitadas por todo tipo de exóticos peces de colores inimaginables: verde amarronado con puntos multicolores, azul aguamarina con rombos de intenso rojo sangre, violeta oscuro con rayas blancas, etc. Además en el fondo de él se encontraban piedras de extrañísimas formas. Del techo colgaban estalactitas de diferentes tamaños las cuales creaban estalagmitas bajo ellas y en ocasiones se juntaban creando enormes pilares. A veces, cuando el rio se ensanchaba, se formaban preciosas penínsulas las cuales estaban conectadas a los extremos de la cueva por los que se accedía hasta el centro, desde donde se podía tener una mejor vista de la caverna.
Al final de la gruta se hallaba una altísima cascada rodeada por diversa vegetación, la cual subía por las paredes, tras la cual se encontraba una gran estalagmita. Sobre esta se encontraba un objeto el cual desprendía un característico destello dorado rodeado por un fuerte halo de luz. No había ninguna señal del pomposo felino y sin embargo ahí se encontraba, el reloj de Hazel, intacto y en perfecto estado.
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Los recuerdos perdidos
FantasyHazel, la madre de Maghra, era la dueña de un hermoso reloj con un extraño mensaje grabado en su tapa. Maghra, un día decidie llevárselo sin permiso, sin esperar que un pequeño felino se lo fuese a robar. Maghra entonces, decide ir tras él y se aden...