La luna de miel ha sido hermosa, viajamos a diferentes lugares y realmente ha sido muy romántico.
Thomas ha sido todo un caballero conmigo, y yo... Pues yo no tengo nada más qué desear, es lo que esperaba realmente.
Aún faltan tres días para culminar nuestra luna de miel, ya quisiera que ésto durara para siempre, aunque sé que no se puede.
Vamos subiendo a un edificio en el que se encuentra un muy fino restaurante de comida italiana. Nos sentamos en una mes ya reservada y nos traen la carta.
No tengo mucha hambre, pero he escuchado hablar demasiado acerca de la rifa pasta que hacen aquí. No me lo pienso dos veces y me pido el plato especial de la casa, una pasta con albóndigas. Mientras que Thomas pide pasta con camarones.
— ¿Cómo te sientes? — dice sonriente.
— Muy bien, me encanta lo que has planeado para nosotros. — Digo dedicándole una sonrisa.
— Me alegra mucho, eso es lo que quiero. — Toma mi mano y la besa. — Quiero que siempre seas feliz conmigo, que nunca pienses en irte...
— ¿A qué te refieres con eso? — Le interrumpo.
— A nada, sólo quiero que estés feliz, quiero hacerte feliz. — Dice tranquilo. — Es todo lo que quiero para ti, Amelia.
Llegan los meseros con las pastas y empezamos a comerlas. Está muy rica la mía. Aunque no tenía hambre, debo decir que creo que me comeré todo lo que hay en el plato, está exquisito.
Miro hacia los lados y veo a un hombre cenando sólo. No es que me sorprenda esto, pero se le ve, preocupado diría yo.
— ¿Qué miras? — Dice Thomas captando mi atención.
— Nada — digo sin importancia.
— No es tu problema. — Dice mientras lleva más comida a su boca, tal parece que sabe en qué fijé mi vista.
— Lo sé. — le miro. — pero ya sabes, soy muy perceptiva a las actitudes de la gente...
— No es tu problema. — Vuelve a decir esta vez más ¿Serio? — ignora tú percepción de emociones o lo que sea, céntrate en nosotros, no es tu problema.
— No es como que esté centrada en eso, simplemente me preguntaste y te dije lo que pienso. — le digo.
— Amelia, ¿Eres sorda? No es tu problema. — me mira aparentemente enojado. — Simplemente olvida el tema, déjalo pasar.
En eso uno de los meseros está retirando los platos, cuando una de las copas de vino cae sobre mi, junto con todo lo que tenía dentro.
Me espanto ya que no lo esperaba, pero entonces Thomas se enoja y mira al mesero.
— Discúlpeme señora, no era mi intención...
— ¿Discúlpeme señora? ¡Eres un imbécil! — Le grita y golpea la mesa. — ¡¿Cómo es posible que hagas esto?!.
— Thomas, no pasa nada, simplemente se calló la...
— Amelia, ¿No ves que acaba de rociar una copa de vino sobre ti? — y no entiendo la razón de ponerse así. — Vámonos.
— Thomas, cálmate, aún ni pedimos la cuenta. — digo nerviosa. — simplemente es cosa de ir al baño y limpiar eso.
— No es necesario, nos vamos dije.
Se pone de pie y saca su billetera, saca una cantidad de dinero que sé que no contó y que al mismo tiempo parece grande. La pone sobre la mesa y me mira enojado.
— ¡Vámonos! — me grita y yo me sobresalto un poco.
Toma mi mano y caminamos fuera del lugar. Ya fuera me suelto de su agarre y lo encaro.
— ¿Qué te pasa Thomas? Hiciste un espectáculo por algo que se resolvía con agua. — Le digo sería. — Actuaste como un cavernícola delante de toda esa gente, incluso el mesero se disculpó conmigo y eso no te valió nada.
— ¿Qué te pasa a ti? Te estaba defendiendo. — lo miro asombrada. — ¿Cómo es posible que alguien trate a mi mujer así? — Está muy enojado, creo que nunca lo había visto de esa manera.
— Thomas fue un accidente, no me estabas defendiendo, estabas haciendo el ridículo. — paso las manos por mi frente hasta mi cabello. — Deberías disculparte conmigo, no debiste tratar al mesero así, y tampoco debiste actuar así, ni hablarme así.
Empieza a reir y camina hacia el auto que rentó cuando vinimos a Italia. Se sube en el asiento y luego enciende el vehículo, mientras que yo mi miro desde donde estoy. Él baja el cristal y me dice:
— Decide si te quedarás en donde estás o si vendrás al hotel conmigo. — Camino hacia el vehículo y sin decir una palabra, subo y él maneja ha la el hotel.
No le dirijo la palabra, en verdad estoy enojada. No había que hacer todo ese escándalo por una copa derramada, eso no tenía que haber arruinado la noche.
Llegamos a nuestra habitación, saca su portátil y dirige hacia él toda su atención. Yo me dirijo hacia el baño, para darme una ducha y prepararme para la cama.
Salgo y aún está en el portátil, me voy a la cama y justo antes de arroparme le digo:
— ¿Piensas quedarte ahí? — Pero ni me responde. — Thomas, estoy hablando contigo.
Levanta la vista, me mira serio
— No deseo acostarme ahora, duerme bien. — dice esto y regresa su vista al portátil.
— Thomas, ¿En serio una copa derramada va a arruinar nuestra noche? — no dice nada. — No hay que exagerar y hacer de esto algo grande.
— Amelia, eres muy ingenua. — lo miro extrañada. — Eso no arruinará nuestra noche, tranquila. Sólo debo arreglar algunas cosas. No te preocupes.
Se levanta, besa mi frente y vuelve al asiento, con total tranquilidad.
(...)
Despierto y lo primero que veo es a un Thomas arreglado y cambiado.
— Buenos días. — Besa mi frente y se aparta. — Deberías levantarte y vestirte, iremos a casa.
— ¿Perdón? — Digo sin entender.
— Es simple, amor. — Me mira serio. — Nuestra luna de miel terminó, ya es hora de regresar a la vida normal.
— Pero Thom, el tiempo estipulado para estar aquí aún no termina. — Quito la sábana que me cubría y me siento en la cama. — ¿Ésto es por lo de anoche? Porque realmente no entiendo nada, yo....
— Amelia. — Se para frente a mi. — Yo dije que nos vamos, no me interesa si el tiempo estipulado se acabó, o si quieres o no, hoy vamos a regresar y no acepto objeciones. — Camina hacia la puerta de la habitación y antes de salir me dice. — Tienes exactamente una hora para alistar te, no más.
Sale y me quedo perdida, simplemente no entiendo lo que pasó y mucho menos entiendo su actitud cortante e imparcial. No entiendo qué le pasó a Thomas.
Pero como se supone que es lo que debo hacer, obedezco. Me levanto de la cama y acudo al baño para iniciar el día.
Abro la ducha y esperando a que el agua se caliente, me miró al espejo y con los dedos, trato de peinar mi cabello. Entro a la ducha, lavo mi cabello y mientras el agua tibia cae sobre mi, empiezo a hacer un recuento desee la boda hacia acá.
Todo iba perfecto, no entiendo porqué de momento Thomas se comporta así, ni tampoco el porqué me habla como si fuera mi superior.
Salgo de la ducha, lavo mis dientes. Me visto con un vestido floreado de tirantes hasta las rodillas, es suelto en falda, y envuelvo mi pelo haciendo una dona en la parte de arriba.
Busco la ropa, la pongo en la maleta y le escribo un mensaje a mi madre diciéndole que hoy nos regresamos, me pregunta la razón, pero miento, le digo que ya me quería regresar a lo que ella responde con un "Bueno, si es lo que quieres".
Algo me dice que no debí mentir sobre eso...
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Nada es lo que parece
Randomimaginate llevar una vida perfecta, en una ciudad perfecta, con una casa perfecta y con la persona correcta. pero digo Imagina, porque la realidad es que a veces nuestra definición de perfección se ve rota por un golpe de realidad. Nada es lo que pa...