El avión aterrizó suavemente en la pista, pero mi estómago seguía en una montaña rusa de emociones. No sabía si era ansiedad, emoción o simplemente el cansancio de haber pasado horas volando de regreso a casa. Montgomery. Un lugar que apenas reconocía como mío después de tantos años en el internado.
Cuando crucé las puertas de salida, mis ojos se encontraron con mi hermano del medio, Alexander Ashford, quien estaba apoyado contra su auto con una expresión relajada y su característica sonrisa de superioridad.
—Mírala, la princesa perdida regresa a su reino —bromeó al verme, mientras abría los brazos para recibirme en un abrazo.
—Si esto es un reino, entonces deberían haberme tratado mejor —respondí con sarcasmo mientras me abrazaba con fuerza.
Alexander tenía cinco años más que yo, y aunque nuestras personalidades eran diferentes, siempre había sido mi mayor apoyo. Mi otro hermano, el mayor de los tres, estaba demasiado ocupado con la empresa familiar como para venir a recogerme.
—Vamos, mamá y papá te esperan en casa —dijo, tomándome la maleta con facilidad antes de meterla en el auto.
El trayecto fue tranquilo, salvo por la sensación de que mi vida estaba a punto de cambiar por completo. Montgomery Academy no era cualquier escuela. Era el lugar donde los hijos de los más influyentes estudiaban, donde se forjaban amistades por conveniencia y enemistades por deporte. Y yo, después de años lejos, estaba por regresar a ese mundo.
Al llegar a casa, mamá y papá me recibieron con un cariño distante. Eran buenos padres, pero siempre ocupados con sus negocios y sus eventos de alta sociedad. Después de un rato de charla sobre lo mucho que había crecido y lo bien que me veía, me dejaron subir a mi habitación.
Me dejé caer sobre la cama y observé el techo. Mañana era el gran día. Mi primer día en Montgomery Academy. No debería importarme tanto, pero el simple hecho de pensar en enfrentarme a un nuevo entorno me hacía sentir una presión extraña en el pecho.
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La mañana llegó más rápido de lo que esperaba. Me puse el uniforme sin mucho entusiasmo y bajé las escaleras, encontrándome con Alexander en la puerta.
—Voy a llevarte. Mamá insiste en que hagas una entrada digna de una Montgomery —dijo con una sonrisa burlona.
—No es necesario... —bufé, pero sabía que no tenía opción.
El camino a la academia fue acompañado por su música a todo volumen y sus comentarios de hermano mayor. Cuando llegamos, las miradas se posaron en mí de inmediato.
—¿Es ella?
—Dios, sí. No había fotos recientes de ella, pero... wow.
—Se parece a Alexander, pero más... no sé, impresionante.
Ignoré los murmullos mientras caminaba junto a mi hermano. Su presencia hacía que las cosas fueran más fáciles, pero también más incómodas. Sabía que era el mejor amigo de Jared Blackwood, el chico más popular y aparentemente intocable de la escuela.
Y ahí estaba él, recargado contra una de las columnas del edificio, rodeado de sus amigos. Alto, increíblemente atractivo, con esa actitud arrogante de alguien que sabe que el mundo le pertenece. Parecía sacado de una mitología griega.
—Ahí estás, princesa —dijo Alexander, atrayendo la atención de su grupo—. Chicos, esta es mi hermana.
Uno de los amigos de Jared soltó un silbido.
—Mierda, ¿cómo no nos habías hablado de ella?
Rodé los ojos, pero antes de que pudiera responder, una voz femenina se adelantó.
—Oh, ¿así que ella es la hermana pequeña de Alexander? —La voz tenía un tono dulce con un veneno oculto.
Era una chica alta, hermosa, con una sonrisa que no llegaba a sus ojos. Me analizó de arriba abajo como si estuviera evaluándome.
—Soy Rebecca Astor, novia de Jared.
Levanté una ceja. No tenía intención de sonreír o hacerme la simpática.
—¿Novia? —pregunté con interés, dirigiendo la mirada a Jared, quien se encogió de hombros con indiferencia.
—Eso dice ella —respondió con una sonrisa ladina.
Rebecca frunció los labios, pero recuperó la compostura de inmediato.
—No te preocupes, seguro que nos llevaremos bien. —Su tono falso me dejó claro que era todo lo contrario a una invitación.
Ignoré su comentario y me giré hacia mi hermano.
—¿Puedo irme ahora o todavía tienes más presentaciones oficiales?
Alexander soltó una carcajada mientras Jared me miraba con curiosidad, como si no estuviera acostumbrado a que alguien lo ignorara de esa forma.
—Vayamos a clases, Emma nos está esperando —dijo mi hermano.
Ahí conocí a Emma Langley, una de las pocas personas que realmente parecía genuina en este lugar. Desde el primer momento conectamos, y cuando nos sentamos juntas en el aula, sentí que al menos tenía a alguien con quien contar.
—Rebecca te odia, ¿lo sabías? —susurró Emma en cuanto la profesora comenzó la clase.
—¿Por qué?
—Porque Jared te miró como si fueras un maldito enigma que quiere resolver. Y créeme, Rebecca no soporta los misterios.
Suspiré. Sabía que esto sería complicado. Pero algo en la manera en que Jared me miró, como si yo fuera un desafío que no esperaba encontrar, me dejó claro que mi presencia en Montgomery Academy no pasaría desapercibida.
Y aunque no lo quería admitir, tampoco estaba segura de quererlo evitar.
Y así, sin quererlo, mi vida en Montgomery Academy había comenzado de la forma más intensa posible. Entre miradas que quemaban, comentarios afilados y una sensación de peligro que no podía ignorar. Lo que no sabía era que este solo era el inicio de algo mucho más grande.
Oh, cierto... me llamo Hayley Ashford. Y esta es mi historia.
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Atrapada en ti
RomanceAtrapada en Ti Montgomery Academy: un mundo de poder, prestigio y secretos. Hayley Ashford nunca fue el centro de atención, a pesar de pertenecer a una de las familias más influyentes. Pero todo cambia cuando regresa del internado y entra en la órbi...
