*ADVERTENCIA: Descripción cuidadosa de cosas sucias, sangre y ese tipo de cosillas, leer con cuidado pls*
----------
Secco sabía que si amigo tenía algo con la sangre, era algo demasiado extraño, pero no del todo raro. Es decir, era Zero, el era raro en todo el sentido de la palabra.
Había veces en que le pedía muestras pequeñas, ligeras, apenas un vasito pequeño, nada “preocupante”, y eso había sido la gran mayoría de su vida, de hecho el recuerda con cariño que en su infancia Zero solía cortarlo “por accidente” en el dedo para luego chuparlo. Ahora que lo pensaba mejor, eso si era muy raro.
Pero esa vez fue diferente, fue un favor demasiado mucho muy diferente… “Necesito que mañana vayas al banco de sangre, apenas una bolsa, no importa el tipo pero si es A positivo es mejor”, sonaba a una lista de compras, por alguna razón el no quería salir del departamento desde hace una semana.
Y desde hace una semana la idea de que Zero podía estar muy enfermo rondaba por su cabeza, claro, era su amigo, se preocupaba por el.
Entro al banco sin mucho problema, pidió la sangre y mintió con un “mi amigo tiene unas sanguijuela de mascota, a veces las usa para ayudar con las varices a las vecinas, pero últimamente han estado muy débiles por lo cual vine a llevarle un poco de sangre para ver si se recuperaban”.
Apenas una bolsa, media onza, cargo con ella en la mochila intentando ir por la sombra, naturalmente Italia en verano era caliente por lo que se dio un poco de prisa. Cuando llegó al departamento tocó el timbre varias veces, “Maldito imbécil” pensó para si.
Tras unos minutos de pensar en irse y dejarle la bolsa allí (ya que tenía cosas más importantes que hacer) la puerta se abrió, pero su amigo no se asomo por allí como normalmente lo hacía. “¿Zero?” pregunto mirando la redilas entreabierta.
“¿Puedes darme la bolsa?” pregunto su amigo y extendió su mano entre la redila. Algo no andaba bien.
“Viejo, va una semana que no te veo, ni por Skipe te puedo llamar porque no me contestas. Ni siquiera el WhatsApp, ¿Qué te pasa?” pregunto intentando sonar indiferente pero salía lo contrario, sonaba preocupado.
“Uh… nada, solo dame la bolsa” ordenó, la mano temblorosa delataba que estaba talvez débil, fue entonces que Secco estiró la bolsa sacándola de su mochila, sin embargo y antes de que Zero pudiera reaccionar el más alto empujó la puerta, pudo escuchar a su amigo caer al suelo pero eso no lo freno de entrar.
Frunció de pronto la nariz, había un olor extraño en el aire, si bien el departamento de su amigo no era el más limpio de toda Rebbibia, por lo menos no olía así, a carne, a descomposición.
Secco se tapo con el cuello de su sudadera, el pelinegro se había escabullido como una rata a saber a dónde y el tenía intriga de porque diablos todo estaba tan oscuro siendo de día. Camino dentro, casi como la boca de un lobo, cuando llegó a la sala el olor penetró más su nariz, casi se arquea.
Intento encender la luz pero el foco no respondía, así que recurrió a la luz de su teléfono celular, cuando la luz dio con todo alrededor soltó un sonido de terror (gasp!). El suelo estaba cubierto de manchones de sangre, había pelos y plumas por todos lados, sus ojos se abrieron más y más y de pronto la lamparilla dio con un rincón del apartamento, allí vio a Zero arrodillado con una paloma en las manos, el pelinegro volvió a el y los ojos le brillaron como los de a un gato, fueron casi 10 segundos donde Secco intento procesar que diablos le estaba haciendo a la paloma.
“Te juro que puedo explicarlo-“ dijo quitándose la paloma de la boca dejando ver una gran mancha de sangre sobre ella, este fue el momento donde el más alto se echó a correr fuera del departamento, pero no contó de que por alguna manera Zero lo alcanzó por la espalda, tirándolo y sujetándolo contra el suelo con una fuerza que no sabía que el pequeñín tuviera.
Quiso gritar, pero una mano le tapo la boca, otra lo tenía sometido por las manos, el cuerpo del más bajo estaba sobre el de el. Sintió su respiración, casi la de un animal junto a su oreja.
“Yo te juro…” comenzó a hablar el pelinegro “que no es lo que parece”
Al decir esto tan cerca de la oreja del más alto le hizo erizar la piel. A Secco le gustaba su amigo desde hacía tiempo, eso no había evitado que saliera con otras personas, pero justo en ese momento esas otras personas y experiencias no importaban; Zero lo estaba haciendo sentir intimidado.
El más bajo parecía querer decir otra cosa, pero en vez de eso seguía respirando allí en su oreja, lo olía, percibía la colonia del más alto, la que siempre se había puesto. Entrecerró los ojos viendo si cuello, lo poco descubierto de su clavícula, y sin titubear mucho se junto allí dando un beso que hizo que el otro diera un grito en su boca pero no sé resistiera. Continuo allí besando, pasando a hacerlo detrás de su cabeza consintiendo el nacimiento de su cabello y haciéndolo con su otro lado del cuello.
Secco estaba sorprendido, confundido y excitado, ¿Qué diantres hacia su amigo? No lo sabía, sentía su erección crecer molestándolo y luego la de su amigo pegada en la espalda baja, Zero seguía apretándolo y besándolo, hasta que sintió algo afilado, esto extrañó al castaño, y de pronto ¡ Boom!
Unos dientes se encajaron en su cuello, Seco entonces forcejeo y logro zafarse de su agarre, “!¿Que carajo…?!”
“!Tu no lo entiendes Secco, lo necesito!” grito el otro de rodillas en el suelo, el otro se había levantado. La luz del teléfono lo alumbraba aunque estuviera tirado, el más alto veía una mirada extraña en el que nunca había percibido.
“¿Quién putas eres? Zero jamás me haría esto…” pregunto. El otro no me respondió, solo lo vio suplicante.
El quería irse, quería salir del departamento y no volver, esa cosa no era su amigo, era como esa cosa que había visto recientemente en internet del Catálogo Mandela, respiro agitadamente y lo vio de sus rodillas a su cabeza; también estaba alterado, aterrado, se veía confundido y su miembro endurecido se veía por el pantalón.
Zero solía verse así cuando entraba de improvisto a su habitación, o en el baño, o incluso en la sala, eran momentos del día donde el más bajo tenía su momento de pensamientos impuros a saber con quién, sabía que Zero se tocaba, más de una vez estando en la casa lo escucho en el baño gemir, y eran gemidos dulces, gemidos que quería escuchar de primera mano sobre su boca, su cuello, su…
No tenía tiempo para pensar en eso. “Puedo encender la luz?” pregunto, le daría una oportunidad, quería saber que diablos estaba pasando. El bajo asintió y encendió sus lámparas de lectura que eran varias por toda la habitación, “¿Por qué no prendes el foco principal?” pregunto extrañado.
“Se fundió hace dos días, además, no quería ver este desastre” ese si se escuchaba como su amigo, el otro vio con más claridad el suelo y todo, dios mío…
“Traeré algo para limpiarlo” dijo mirando, no quería charlar con el entre tanta porquería.
Después de 1 hora de ambos fregar el suelo, Secco convenció a Zero de abrir las ventanas, ya era la tarde, de pronto la habitación de vio como antes y el olor había desaparecido, habían puesto todo en una bolsa negra de basura que el más bajo tiraría más noche. Entonces se sentaron en el sofá, Secco pidió comida a domicilio, ambos estaban hambrientos, mientras tanto miraban el televisor en un programa de quién sabe que diablos, no podían ambos pensar en eso, tenían que resolver sus dudas, más Secco.
“Viejo…” comenzó, “¿Qué fue todo eso?” volvió a verlo, el otro también lo miro, ya se había limpiado, “Tu y la sangre, ¿Pero que-“
“Si te digo, ¿Me prometes no alterarte?” dijo seriamente, el otro frunció el ceño, Zero conocía a su amigo como la palma de su mano y cuando hacía eso era un “adelante”, el apagó el televisor, lo vio a el y luego a sus manos, apretó los labios, parecía algo muy serio.
“¿Zero?” pregunto mirándolo, para este momento se convenció de que si era el, por lo que verlo así lo estaba preocupando.
“¿Historia corta o larga?” pregunto el otro.
“No me importa mucho, solo dime qué mierda está pasándote-“
“Soy un vampiro”
Eso hizo que el más alto alzará las cejas de sorpresa y cerrará y abriera los ojos moviendo su cuello hacia atrás. Lo miro de arriba abajo, y en ciertas parte tenía sentido, pero por el otro lado quería saber más. Soltó una risa todavía mirándolo, Zero ni siquiera sonrió.
“¿Estás bromeando?” pregunto entre risas, el otro solo seguía con sus ojos clavados en el, el castaño se detuvo “Zero, estás bromeando… ¿No?”
El llamado negó con la cabeza apretando un poco los labios aún mirándolo, Secco alzó las cejas. “Es decir, ¿Tu eres como esos de Crepúsculo? Tienes poderes y levitas y haces todas esas mamadas de la televisión?-“
“No seas imbécil claro que no” dijo interrumpiéndolo, el otro volvió a fruncir el ceño cuando su amigo lo llamo así, Zero rodó los ojos y suspiró “No hago eso, no levito ni me transformo en murciélago, es muy diferente a lo que se ve en las películas, por eso me cagan esas cosas.”
“Entonces, solo bebés sangre y ya”
“Mmm no, también puedo hipnotizar, y también puedo curar a las personas con mi sangre pero es un poco más complejo, es decir, no es como que los mire a los ojos y les diga ‘estas bajo mi control’… No es así” movió sus dedos e hizo un tono tenebroso cuando dijo eso.
Secco escéptico alzó una ceja “¿Hipnotizar?”
“Bueno…” el otro se tallo la parte de atrás del cuello, “tampoco lo puedo llamar así… Muerdo el cuello de alguien y puedo sentir por un periodo corto de tiempo sus sensaciones, emociones y sentimientos, es raro porque mi padre no me explico que diablos-“
“¿Tu padre?” Secco sentía que estaba entrando en un agujero de conejo.
“Si, el es el vampiro en la familia, bueno, el lado paterno, siempre el lado paterno”
“¿Cómo, osea que, naces siendo un vampiro? ¿Qué no si muerdes a alguien se convierte en eso?”
“Ay…” se tallo los ojos recargándose en sus rodillas, “No, solo nacemos, es transferido por los padres a los hijos, esa tontería de que mordemos y se convierten es tan estúpido” rodó los ojos.
Secco pensó otro momento, ¿Qué más podía preguntar?
“¿Por qué nunca me lo dijiste?” esa pregunta hizo que el otro pegara su espalda al sillón, “somos mejores amigos, hemos dormido juntos, nos hemos visto el pito, ¿Por qué no saber si eres una creatura mágica o no?”
“¿Creatura mágica?” pregunto el otro, iba a empezar un desorden de palabras por eso.
“!Ese no es el punto Calcare!” exclamó, “El punto es que si es algo importante, de vital importancia como esto, debiste habérmelo dicho por lo menos, en la secundaria-“
“No quería arruinar nuestra amistad-“
“¡Aun si hubieses sido el monstruo del lago Ness seguiría siendo tu amigo pendejo!”
Se vieron un momento, los ojos de Zero se enjugaron un poco y quería abrazar a su mejor amigo por comprenderlo, y Secco lo veía con un poco de decepción, no creía que el no le hubiese dicho eso antes.
“Lo lamento” dijo.
“Mas te vale” se cruzó de brazos, ambos volvieron al frente sin verse por un pequeño rato. “¿Lo puedes probar?”
“¿Qué?” Zero volvió a verlo.
“Que eres un vampiro”
“¿Y como puedo hacer eso?”
“No lo se, tu eres el vampiro, yo solo estoy preguntando” alzó los hombros, Zero lo miro y obviamente solo tuvo una idea, se acercó un poco mirando directamente a su cuello, Secco instintivamente se hizo hacia atrás, “¿Qué haces?”
“Quieres que te pruebe que soy un vampiro, entonces yo-“
“No mames allí está la bolsa de sangre, muerde eso” señaló la bolsa en el suelo, Zero frunció los labios, quería morder a Secco.
El más bajo se levantó de su lugar y la tomo alzándola en el aire, “Si es A positivo” dijo sonriendo.
“¿Por qué el interés en el tipo de sangre?”
“Es mi favorita”
“Ay no puede ser…” se rió, echando la cabeza hacia atrás tapándose el rostro con las manos, ahora soltaba carcajadas, Zero no lo había escuchado reír así desde hacía semanas lo cual fue contagioso.
“¿Qué?”
“No vuelas ni te transformas en murciélago ni hipnotizas ni usas una capa larga ni brillas al sol, pero si eres caprichoso con el tipo de sangre que te gusta” volvió a reír, hizo la cabeza un poco hacia adelante todavía recostado en el sillón.
“Si, ciertamente suena estúpido” río un poco, freno y respiro. “Bueno, este es un cuello humano, también puede ser una mano o está parte de aquí de la clavícula o casi cualquier parte del cuerpo, lo importante es que pase sangre por allí-“
“Como el pito”
Zero frunció el ceño “¿Qué?”
“Si estás follando y hay un pito delante tuyo puedes morderlo, por allí pasa sangre, de hecho cuando está erecto está lleno de sangre, sería como un popote si te pones a analizarlo-“
“Dios santo” intento no reír ante la analogía del castaño, de pronto el ambiente se puso serio, Zero miro la bolsa de sangre y Secco profundizó su mirada en ese suceso. Pudo ver cómo de la boca de Calcare salían colmillos de la mandíbula baja y superior y mordía lenta y tortuosamente la bolsa.
Eso lo encendió, por un momento se imagino siendo la bolsa, o que su mano era la bolsa, o que… Bueno eso sería muy doloroso pero en ese punto de no retorno esa posibilidad sonaba muy sexy. En cuestión de segundos la bolsa se vació, media onza directo a su sistema, se quitó el plástico de los labios y volvió a verlo, no sin antes lamerse los labios y pasarse el pulgar por el labio inferior. Si estaba tratando de hipnotizar lo estaba funcionando.
Secco estaba allí con la boca abierta, respirando rápidamente y su pantalón ceñido dejaba ver su bulto, pero se las arreglo para que se viera como una arruga natural de su entrepierna, “Entonces, si eres”
“Claro que sí” tiro la bolsa en el suelo. “¿Una pregunta más?”
“Yo, ehm…” Zero vio a su amigo nervioso, “creo que no”
Zero solo asintió y se sentó a su lado, hubo un momento de silencio mientras revisaba su celular que estaba sobre la mesita al lado del sofá, Secco se mordió los labios, era ahora o nunca.
“Tu eh…” empezó, el otro volvió a verlo “tu, ¿Besas a todos en el cuello antes de morderlos?”
(Gasp, otra vez) Zero abrió los ojos muy grandes, se ruborizó, claro que no, el solo mordía, de hecho su modus operandi últimamente había sido salir con Secco a eventos de hardcore punk y coquetear con personas, no importaba si eran lo que eran, lo importante era su sangre, Secco lo había visto más de una vez en uno de los rincones de los locales con alguien, el siempre estaba en su cuello y la otra persona o lo sujetaba o estaba quiero, se veía como si estuvieran fornicando porque a veces había movimientos espasmódicos de sus pelvis, pero la realidad era que la persona a la cual Zero estaba mordiendo intentaba moverse para alejarse, pero una vez que el los mordía tenía control casi absoluto de su persona, por eso se veían tan tranquilos y el podía pasar largos minutos chupándole un poco de su sangre.
“Uh… no” contesto secamente.
“Tu, ibas a morderme hace rato, ¿No?” volvió a verlo, “Pero me besaste antes, ¿A qué vino eso?”
Zero no sabía que contestar, es decir, claro que sabía por qué lo había hecho, siempre había querido morderlo, cuando se abrazaban por ganar algo siempre se había pegado a su cuello, su colonia, la suavidad de su piel lo volvía loco. “No lo se” contesto sin decir más.
Secco solo asintió y dirigió su vista al frente, una ligera gota de sudor rodó por su frente y Zero sintió la tensión.
“¿Puedes, hacerlo de nuevo?” pregunto sin mirarlo, de nuevo el pelinegro abrió los ojos grandes y redondos, volvió a su amigo y vio ese nerviosismo característico que tenía cuando quería invitar a una chica a salir. Oh no…
“Eh… si” contesto solo así, se dio la vuelta hacia el, Secco estaba allí con las manos sobre la entrepierna tapando su crecida erección, a ojos del mas pequeño se veía adorable.
Zero se acercó a su cuello, “yo, ehm… ¿Te puedo tocar?” Pregunto inocentemente, el otro se sorprendió, “!No así!” dijo explotando en rojo su rostro, “Me refiero a…” paso su mano por su cuello, luego a su mejilla, lo acariciaba. Secco sonrió tontamente y asintió, el otro entonces con esa libertad de acerco a su cuello, ayudado de su mano para guiar a Secco, hizo que su cuello estuviera completamente expuesto para si, entonces junto sus labios con su piel.
Secco se sintió derretir y tembló un poco, era algo que había querido desde hace años y Zero también, el lo había idealizado en noches enteras, imaginándolo, poseyendo a Secco, la persona que se supone era el alfa entre los dos, verlo así, sentirlo así ahora tan vulnerable, era todo un privilegio para el.
Secco paso sus manos por los brazos del otro, el bajo paseo su boca de su lado derecho al lado izquierdo besando su mandíbula, luego las manos del alto estaban sobre su cintura, poco a poco se fueron quedando más y más juntos hasta que Zero estaba sobre Secco, las manos del alto debajo de su camisa y las manos del otro en su espalda.
Se separaron un momento para mirarse, ambos estaban rojos y desesperados, entonces Secco corto el espacio entre los dos y lo besó, Zero correspondió, pasaron de besarse a devorarse en cuestión de segundos, aunque siendo un par de bobos no llevaban un ritmo claro, sus lenguas chocaban y se exploraban, Zero acuno el rostro del más alto mientras el otro alzaba su playera logrando quitársela, una vez hecho eso el aprovecho para quitarse su sudadera y camisa de un solo jalón quedando a la par volviendo a besarse.
“Esto... Va a… arruinar nuestra… amistad” dijo Zero entre besos.
“A la mierda” contesto Secco está vez chocando sus labios con el cuello del otro, ya sus manos se habían aprendido el paseo de su cintura baja a su espalda alta, mientras que los brazos del otro permanecían envueltos en su cuello, más juntos no podían estar.
Zero quiso gemir ante ese contacto, nadie nunca lo había besado en el cuello, se contuvo un poco, pero el alto lo tomo del rostro separándose, “Si quieres gemir o gritar hazlo… siempre he querido escucharte”
“Pero, los vecinos-“
“Que les importa…” volvió a besarlo sujetándolo por la parte de atrás de la cabeza, “que sepa todo el mundo… que me cogiste el día de hoy…”
Los labios de Secco pasaron a su cuello y entonces Zero gimió, era justo como el otro lo había escuchado a escondidas. Comenzaron a desabrocharse los pantalones y se los quitaron quedando completamente desnudos uno frente a l otro, Secco recorrió el cuerpo por milésima vez de Zero estando todavía en el sillón, el otro se había levantado, entonces el pelinegro se arrodilló frente a el poniéndose entre sus piernas, tomo su miembro con una mano y comenzó a moverlo.
“No vayas a morderlo” dijo el otro en un tono risueño y Zero río ante su broma mirándolo, luego volvió a ver a su amigo goteante y comenzó a lamerlo, esto hizo que el castaño siseara entre dientes, con una mano comenzó a acariciar su cabello, el ritmo de Zero era lento, luego lo introdujo en su boca y está vez el alto gimió. La mano libre del bajo se junto con la de su amigo entrelazándola mirándolo mientras introducía más su miembro en su boca. Por fin lo saboreaba, por fin estaba viendo eso que las chicas con las que el alto salían veían cuando lo hacían con el, su periodo de envidia había terminado.
El otro también estaba cumpliendo su fantasía, una tan precisa que en menos de 3 minutos echo su cabeza hacia atrás y termino en la boca de su mejor amigo, arqueo un poco su espalda disfrutando aún de los movimientos de lengua y de los dientes puntiagudos acariciar su miembro. Cuando termino volvió a ver con los ojos entrecerrados al otro llenos de deseo, Zero se pasó los dedos por los labios todavía con el sabor de su amigo en el.
“Zero…” dijo mirándolo, el otro le prestó atención. “Quiero que me cojas…”
El llamado apretó los labios y subió hasta los suyos para besarlo, el otro lo hizo pero un segundo más tarde lo apartó, “¡Me chupaste el pene, que asco!”
“Uy, perdón…” dijo seductoramente, el tono de rostro de Secco cambio de serio a sonriente.
Zero se irguió, iba a sugerir ir a su habitación pero Secco lo abrazo por la cintura y sin previo aviso metió el miembro del pelinegro en su boca, el otro al sentir eso tan repentino soltó un grito sujetándolo por los hombros, a diferencia de el que era lento y pasivo, Secco era todo lo contrario. Era rápido y casi violento, cada estocada sentía que se iba directo a su garganta, sus piernas estaban temblando, todo el estaba temblando, fue entonces que terminó corriéndose, talvez en su garganta, talvez en su boca, no lo sabía, lo que sentía es que había sido muy profundo.
Una vez terminó se quedó de pie sacando su miembro cuidadosamente de su boca, el otro lo miro limpiándose con el reverso de la mano, “¿Dónde aprendiste a hacer eso?” pregunto entre respiros, el otro lo seguía abrazando.
“Tengo una vida sexual muy activa” alzó los hombros, y no era una mentira. Zero sonrió, Secco se levantó y lo abrazo besándolo, el otro correspondió, poco a poco cayeron al suelo, el bajo fue el que quedó con la espalda en el frío de la loza.
“¿No sería… mejor, en… mi cama?” Pregunto cuando el comenzó a dejarlo respirar.
“Yo ya no aguanto viejo…” dijo volviéndolo a besar, entonces Zero dio la vuelta sobre si poniendo a Secco debajo suyo, este estiró los brazos sobre su cabeza y abrió las piernas quedando expuesto.
“Pero yo no…” comenzó, el otro paso de una mirada lasciva a una normal.
“No que” ni siquiera fue una pregunta, Secco ya lo quería dentro de el.
“No tengo… condones o algo asi.” Lo miro a los ojos, el alto sonrió.
“Alcanza mi mochila” señaló con la cabeza irguiéndose sobre los codos, el otro se levantó e hizo lo dicho. Allí adentro tenía toda una tira de condones y un lubricante.
“Cuando dices una vida sexual activa, no esperaba que estuvieras preparado para casi todo momento” dijo volviendo a arrodillarse entre el, Secco solo hizo la cabeza a un lado.
Zero se preparó, primero vertió un poco en su entrada e introdujo un dedo, “¿Así es como lo hacen no?” pregunto viéndolo, el otro ya estaba sobre el suelo acostado disfrutando la sensación, solo asintió. Movió un poco su mano allí abajo, luego metió el segundo, el alto gimió estirando las manos hacia atrás, Zero no pudo evitar pasar su otra mano por sus costillas y su pecho, era un contacto muy suave que hizo que el otro se calentara un poco más.
Luego de estar así por un rato se acomodo y puso su miembro en su entrada, “¿Listo?” pregunto mirándolo.
“Desde hace años” volvió a verlo, Zero volvió a sonreír y empujó su miembro dentro, fue lento y tortuoso, un momento donde el castaño lanzo un gemido alto y el otro gruño ante lo apretado, ya todo dentro se acostó sobre el pecho del otro y Secco lo abrazo.
Las estocadas que daba Zero eran lentas, profundas y con un ritmo claro, movía su cadera y daba con puntos donde Secco se sentía en el cielo. Mientras tanto el acariciaba su espalda, su cuello y su cabello.
“Secco… ¿Puedo, morderte?” pregunto junto a su oreja, el otro no pensó mucho en las consecuencias.
“Solo, hazlo con, cuidado…” dijo en un suspiro, el otro primero beso la zona, era justo en su cuello, sin querer justo encima de la vena yugular interna, pronto mordió, el otro gritó sintiendo un ardor que nunca había sentido antes, no era parecido a quemarse con cigarros o a hacerse chupetones que durarían años, esto era tres mil veces más doloroso.
Sus manos temblaron cuando comenzó a sentir succionar su sangre, al mismo tiempo que las estocadas seguían en el mismo ritmo, todo ese tumulto de sensaciones hicieron que ambos se vinieran, Zero dentro de su amigo, pero no freno ni un poco, se seguía moviendo lento y de manera pasional. El otro sintió su propio líquido seminal recorrer su costado llegando al suelo.
Zero se separó y lamió su herida, “Dios, eres tan delicioso” dijo junto a su oreja, Secco solo gimió en respuesta, podía jurar que el bajo ronroneaba cuando se acariciaba junto a el. Pronto el otro dio con el otro lado de su cuello y lo mordió, Secco volvió a soltar un grito, pero se estaba acostumbrando al dolor.
“Esto me, enciende como no, tienes idea…” dijo sintiendo de nuevo su sangre salir de el, el otro se separó.
“Siempre imagine esto… tu y yo, aquí, no en el suelo, pero en esta situación…” gimió.
“Te tardaste mucho, tenemos 28… lo hubieras dicho antes… me hubieras tocado antes…”
“No quería terminar-“
“!A la mierda la amistad!” explotó tomándolo de los hombros separándolo, incluso su ritmo se freno. “Siempre me haz gustado Zero, siempre he querido que me folles y tú de plano no captabas ni mis indirectas ni mis directas”
El otro se acomodo un poco, “¿Lo hacías?”
“Yo te quiero Calcare, te quiero, y quiero… no quiero…” no pensaba muy claro, su amigo había comenzado a entrar de nuevo en el y Zero había descubierto que eso le revolvía hasta el cerebro. “Yo, ah… yo… joder…”
“Dilo” se puso sobre el aún moviéndose, Secco entrecerró los ojos, sujeto los brazos de su amigo que estaban al lado de sus costillas, lo estaba logrando, lo estaba controlando, no hipnotizándolo, pero si lo estaba controlando.
“Yo te… amo, Zero…” dijo, y en lo último se corrió de nuevo, su líquido corrió por el mismo lado humedeciendo el suelo, el otro dio un par de movimientos más y también termino, de nuevo dentro de su amigo, ¿Qué no habían tenido que cambiar de condón en la primera vez?
Zero se junto a su cuerpo y beso a Secco quien todavía seguía perdido en su éxtasis, lo abrazo, fue algo dulce. “Tu también me gustas, también te quiero… Yo también… te amo Secco”
El alto volvió a verlo, ambos podían jurar que en las pupilas del otros se habían formado corazones, sonrieron casi al unísono, también sentían sus corazones explotar en el pecho del otro.
Zero comenzó a moverse de nuevo, besándolo, no podían mentir, pasaron una hora y media así, el pelinegro quería hacerlo suyo hasta el amanecer y Secco solo se estaba dejando llevar. Ya había un charco de fluidos debajo de Secco tanto de su miembro como de Zero que para ese momento había decidido quitarse el condón, no sin antes consultarlo arduamente con Secco.
El pelinegro en ese momento estaba de nuevo en la mordida del inicio, ya no se controlaba ni pedía permiso, tan solo lo mordía y chupaba, y Secco no protestaba, de hecho no podía. Tenía pocas fuerzas, seguía sintiendo las oleadas de placer que le daba eso, ya se había corrido varias veces, ya sentía su agujero más abierto que la fosa de las marianas y se sentía ligero, vacío… exprimido.
Los ojos comenzaron a ponérsele brillosos, sus manos que acariciaban la espalda de Zero cayeron a los lados, pero el otro apenas lo noto, seguía entrando y saliendo al mismo ritmo y estaba pegado como sanguijuela sobre el. De un momento se sintió aún más débil, una última corrida sin siquiera gemir y las pupilas se dilataron, la vista en el techo, el pulso casi vacío, el cuerpo frío, las sensaciones acabadas… Secco estaba muriendo.
“A-ah, Secco…” se separó besando su herida, “Secco te amo tanto, yo… Secco… ¿Secco?” pregunto separándose, tenia la boca completamente roja por su sangre, lo miro, estaba inerte sobre el suelo, “!¿Secco?¡” pregunto una vez más, el otro no reaccionaba, si lo escuchaba pero era un sonido lejano, vio por lo poco abierto de sus ojos que la habitación de hacía más larga, más oscura…
“!Secco!” grito sacudiéndolo, oh no, ¡Oh no!, “!Secco no!” volvió a sacudirlo, no estaba reaccionando.
Después de eso todo se volvió difuso, negro, nada de nada…
Un olor característico lo hizo despertar, era olor típico a un hospital: plástico, limpio, algo aterciopelado pero muy molesto.
Abrió los ojos con dificultad, vio alrededor lo blanco de las paredes y eso obviamente le molestó, frunció el ceño y quiso levantar la mano para taparse los ojos pero no pudo. Había una serie de mangueras con líquido rojo, estaba teniendo una transfusión de sangre, sintió el ardor recorrer sus venas, ¿Cuánta sangre se había tomado Zero la noche anterior?
Y hablando de el, ¿Dónde estaba?
“¡Secco!” Sarah reacciono, estaba medio dormida sobre el sillón que estaba al pie de la cama, ella corrió desde su lugar hasta el abrazándolo, se quejo un poco, la espalda le dolía y el trasero también, “¿Estas bien? ¿Necesitas algo?” se acercó su novia a un lado de ella.
“¿Dónde estoy?” pregunto.
“ En el hospital, anoche Zero te trajo en su auto, dijo que te encontró en el parque completamente ido, estabas casi muerto amigo…” dijo, unas lagrimas asomaron en lo último de su comentario… Entonces Zero lo había exprimido casi por completo.
“Uh… si, fue… una pelea” mintió.
“Tienes marcas de mordidas en el cuello, los doctores dijeron que parecía que un vam-“
“Los vampiros no existen” soltó de sopetón. “Fue un tipo, me quedé de ver con el idiota de Zero para entregarle un videojuego y ese maldito enfermo mental se me abalanzo encima… recuerdo que tenía unas jeringas extrañas… me sometió en el suelo y me saco la sangre… es todo lo que recuerdo”
Sarah asintió, sonaba como algo ridículo, pero había crecido con ellos y sabía de primera mano que la mayoría de esas historias eran verdad, entonces miro a su novia y luego a el.
“Iremos por algo de desayunar, estamos muertas de hambre, le diré a Zero que pase a verte-“
“¿Dónde está?” Pregunto con urgencia.
“En la sala de espera, no ha querido pasar a verte por una extraña razón…” frunció el ceño ya estando junto a la puerta, “¿Hay algo que me quieran decir? Ambos se han estado comportando raro últimamente, soy su amiga, debería saberlo si algo malo pasa”.
Secco sonrió ante su preocupación, “Tranqui Sarah, no es nada malo, es…” pensó un momento, pero luego negó con la cabeza. La chica solo asintió y salieron con su novia.
El castaño soltó un suspiro, respiro de nuevo, así que así se sentía morir… casi moría al lado de la persona que más quería en el mundo. Le había dicho que lo amaba, a nadie más le había dicho tan importantes palabras porque nadie más lo había ameritado, solo era un “te quiero” y ya, pero ¿Un ‘te amo’?. Jamás.
La puerta se abrió, allí estaba Zero, se veía nervioso, a punto de un colapso mental, Secco frunció el cejo viéndolo y el otro avanzo hacia el lentamente, a cada paso su rostro se ponía más pálido, las lágrimas le corrían a mares y cuando menos acordaron ambos se habían envuelto en un abrazo. En ese momento no le importo su dolor ni nada, estaba de nuevo con el.
“Lo siento…” susurro débilmente, “casi te mato, lo lamento tanto…” sollozo.
“Fui muy deliciosos, ¿No?-“
“!No es tiempo de bromas pendejo, casi te asesino!” explotó separándolo, los ojos de Zero se veían rojos como si no hubiese parado de llorar en toda la noche, estaba ojeroso, cansado.
Secco paso sus manos por sus mejillas y el otro intento apartarlas, luego las afirmó volviéndolo a el. “Escúchame bien idiota…” comenzó, “Por ti, dejaría que me exprimieras de nuevo, robaría el banco de sangre y te traería personas para tu alimento-“
“Secco-“
“Te amo Zero, lo hago como nunca lo he hecho con nadie más, no me importa que seas lo que seas, yo te apoyaré y te ayudare en la medida de mi posibilidad o fuerzas, no importa que…” lo miro, el otro se volvió a enjugar los ojos mirándolo, “no me importa que carajo seas Zero… te amo…”
El llamado volvió a abrazarlo sollozando, “No te merezco”
“Si lo haces…. Igual no soy algo tan importante”
“Para mi lo eres todo.”
Secco lo abrazo con fuerza, se quedaron allí por unos minutos hasta que el otro se tranquilizara, hecho esto el alto lo separó acunando su rostro, “¿Sería mucho si te digo que quiero estar contigo por el resto de mi vida?”
Zero sonrió, “Suena tan cursi viniendo de ti”
“Yo soy cursi, soy un maldito dulce, que no se lo muestre a todos es diferente” sonrió, acaricio su rostro con sus dedos mientras que la otra mano le acariciaba el cabello, el otro lo seguía abrazando mirándolo. Tenían de nuevo esa mirada, los corazoncitos de formaban en sus ojos.
“Debí haberte dicho esto antes” se lamento Zero.
“Bueno, si soy sincero comenzaba a sospecharlo desde el campamento donde me mordiste-“
“Eso no” golpeo suavemente su pecho con una mano, “Esto” señaló completa la situación.
“Ah… Si, supongo que si” alzó las cejas sonriendo, el otro también me sonrió y lo besó con delicadeza.
Fue en ese momento cuando Sarah entro en la habitación y los vio, abrió los ojos enormes y ambos se separaron para verla. “Oh…” dijo ella.
“No interrumpes nada” dijo Secco.
Ella alzó las cejas y su novia se asomo. “Te lo dije” dijo su pareja y la otra sonrió dándole un codazo y ambas salieron de la habitación cerrando la puerta.
Zero volvió al otro, “¿Dónde nos quedamos?”
El alto volvió a sonreír, si el bajo era sincero adoraba ver su sonrisa, escucharlo reír era una delicia, verlo así de frágil en sus brazos con esa mirada… se sentía el ser más afortunado del mundo.
“Te prometo que no volveré a hacer eso” dijo acostándose sobre su pecho de nuevo.
“Esta bien, es decir, muy de vez en cuando, pero no tan intenso.” Paseo sus dedos por su cabello. “No vas a tener descendencia si te quedas conmigo, ¿Sabes eso?”
“Si, pero podemos adoptar… No quiero que un hijo o hija mío pase por esto”
Secco sonrió, ¿Sería capaz de sacrificar su propia descendencia por el?
“¿Y tú te das cuenta que estando conmigo estarás en constante peligro?”
“Ya basta” río.
“¿Qué?”
“Ya suenas como el idiota de Crepúsculo”
“Ay no” se paró.
“Ahora brillaras bajo el sol como campanita” río de nuevo.
“¡Ya basta!” exclamo divertido, el otro río hasta las lágrimas y Zero también se contagio de su energía.
Si, quería pasar su vida con el, con esa persona, y Secco quería vivir con el la suya, aunque eso pudiese llevarlo a la muerte, era un sacrificio que estaba dispuesto a hacer.

ESTÁS LEYENDO
Spremuto
Random"Secco... ¿Puedo, morderte?" pregunto junto a su oreja, el otro no pensó mucho en las consecuencias. "Solo, hazlo con, cuidado..." (Vampire!Zero AU)