“Soy una carga para mi propio corazón.”
Rainer Maria Rilke
“Somos el producto de nuestras decisiones.”
Esas palabras rondaban en la cabeza de un recién despertado Jeon Jungkook que había sufrido las consecuencias del alcohol y ahora se cuestionaba a sí mismo sobre cómo debería dejarlo ir.
La habitación donde se encontrara horas antes no guardaba ningún parecido al desorden que normalmente reinaba en su departamento, tampoco tenía la impactante vista de un amanecer en Nueva York atrapada entre los escalones de la escalera de incendios donde las caladas de humo a cuenta del cigarrillo que le había pedido al propio Tae le servían de bálsamo espiritual. Había caído en su propia trampa y ahora se sentía culpable.
No por el hecho de que hubiera pasado la noche con otro hombre. Sinceramente en su época de adolescente hormonal había probado ese tipo de contacto por mera curiosidad, pero lo que había sucedido en modo de broma ahora se le complicaba al recordar las palabras del jefe del Equipo de Patología horas atrás…
“Aun cuando puede que lo olvides después de esto… siempre me has gustado Jeon.”
Taehyung había fingido una sonrisa cuando el más joven casi escapaba de su habitación. La idea de que estaba ansioso y que quería fumar fue la que mejor le salvó de una incómoda plática donde la aventura de una noche que había tenido se deslizaba como el propio humo desde sus labios.
—Vaya manera de arribar a los veintiséis. Soy un idiota.
Sonrió de aquella forma que le hacía lucir más masculino pero que no alcanzaba a iluminar sus ojos café oscuro. Para complicar más la situación y producto de su estado de ebriedad, Jungkook había mencionado a otra persona al terminar perdiéndose dentro del cuerpo ajeno.
Tenía ganas de aventarse por la escalera de incendios de solo recordar cómo Taehyung casi le asesinaba con la mirada a pesar de la posición en la que se encontraban.
Había dicho solo el inicio, pero el otro chico sabía que ese Jim se refería a cierto detective de cabellos casi dorados y ojos azules. Confirmando su peor sospecha. Jeon Jungkook estaba enamorado casi de forma ridícula de su superior.
Después de eso hubo silencio y cada parte intentó distraerse con cosas triviales como que era muy tarde para que Jeon estuviera en las calles y que era mejor que se quedara a dormir.
Taehyung fue tan amable que aquello dolía. Pero cuando el oficial despertó abrazado a la cintura del de ojos color ámbar… ambos comprendieron que todo estaba jodidamente mal.
—Un dólar por tus pensamientos. Dios, siempre quise decir esa frase aunque en la vida real creo que es ridícula…
Sin pedirle permiso, el de cabellos castaños se sentó al lado de Kook y le arrebató lo que quedaba del cigarrillo en sus manos. No vaciló en mirarle de aquella forma que ponía al más joven a temblar. Tan directo como la noche anterior, con la única diferencia de que Taehyung ahora no estaba bajo los efectos del alcohol.
—Tae… yo…
—No tienes que empezar otra vez. Lo sé. De hecho me di cuenta desde que les asignaron la misma oficina. No me importa mucho la verdad. Quise tener esta especie de affair contigo y salió hasta medio agridulce. Soy un adulto Kook, no un adolescente hormonal que te va a poner una marca para que nadie te toque. Olvida ese momento, ya yo lo hice… y… feliz cumpleaños.
Una pequeña cajita quedó entre los dos y los ojos de Jungkook se expandieron para dejar filtrar el inicio del amanecer en la ciudad que nunca duerme.
—No te va a morder, ábrelo, por favor…
ESTÁS LEYENDO
•DOPPELGAÄNGER•ym
FanfictionEl Dr. Min posee los más altos calificativos en la esfera académica, una esposa digna de su sangre azul y un prestigio digno de su apellido. Sería tentador describirlo al frente del equipo de Psiquiatría y Ciencias del Comportamiento de la UCH siend...
