Capítulo 4

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La mirada de Hyunjin no se despegaba de Felix ni por un segundo. La noche le estaba jugando una mala pasada, pues no lograba conciliar el sueño de ninguna manera existente. Había perdido cualquier esperanza de dormir aquella noche, la única opción que le quedaba era esperar el amanecer... y con él, el adiós de Felix.

Optó por levantarse del incómodo sofá que, prácticamente, era su cama. Se dirigió a pasos lentos a la camilla de Felix con una manta entre manos.

Normalmente no dormía con él, pero esa noche quería hacerlo más que nunca; quería permitirse abrazarlo hasta que llegase el momento de decir adiós. Se detuvo al tener frente a él, su triste e impotente mirada lo decía todo; tenía miedo, miedo de vivir en un mundo donde no estuviese Felix.  Después de todo, ¿quién podría hacerlo sentir cómo el menor? ¿Quién le daría razones para ser feliz?

Abrió la boca intentando formular alguna frase coherente para Felix, pero lo único que quería era suplicar que despertara, gritarle que lo necesitaba y que estaba siendo un jodido egoísta de mierda por no hacerlo y dejarle solo con todos sus planes y promesas.

—Felix... —susurró, subiendo lentamente a la camilla y acurrucándose a su lado—. No seas un maldito hijo de puta... no me dejes...

Esa noche, fue la última en la que Hyunjin pudo observar a Felix sin decir ni una palabra. No quería despedirse.

A la mañana siguiente, los señores Lee encontraron una hermosa escena digna de enmarcarse: Hyunjin aferrado a Felix, con una manta que cubría el cuerpo de ambos chicos. Decidieron no despertar al novio de su hijo, estaban completamente seguros de que el pobre chico no había dormido en toda la noche.

Hyunjin les guardaba cierto rencor, después de todo, ellos habían aceptado que desconectaran a Felix sin pensar en él. Aunque, efectivamente, sabía que no había sido una decisión fácil de tomar para ninguno de ellos.

"¿Felix querrá esto?" se preguntó una vez que había despertado y seguía acurrucado al lado del rubio.

—Cariño, ¿podrías dejarnos solos con Felix un momento? —pidió la señora Lee, conteniendo las lágrimas que advertían salir en cualquier momento.

—Sí... —asintió levantándose de la camilla con pesadez.

Lo menos que hubiera querido en ese momento, era separarse de él. Miró por última vez a su novio ‐antes de salir de la habitación–, que estaba ahora en los pequeños brazos de su madre. En cuanto Hyunjin cerró la puerta detrás de sí, el llanto pudo escucharse hasta dos pasillos más.

No se percató de cuánto tiempo estuvo ahí afuera, sentado en el frío suelo frente a la habitación de Felix, observando a las personas; algunas caminaban felices, esperanzadas; otras eran exactamente como él... un alma sin vida vagando por los blancos pasillos del hospital. Hyunjin podía comprenderlos.

Miró fijamente hacia el techo... A veces detestaba pensar, detestaba recordar, detestaba sentir.

—¡Hyung! —escuchó detrás de si, y conocía perfectamente aquella voz. Era Felix, quien corría detrás de él, intentando explicarle algo que, claramente, no tenía que explicar—. ¡Puedo explicarlo!

Hyunjin se detuvo a mitad del desolado pasillo. Felix quien corría a toda velocidad, se estrelló contra él, inmediatamente su pálido amigo se giró, haciéndolo retroceder.

—No tienes nada que explicar, tú y yo... —dijo Hyunjin, siendo interrumpido por los labios de Felix, quien los había posado sobre los suyos delicadamente.

—Me gustas tú —susurró Felix, alejándose lentamente de él—. Sólo... piensa en eso, me gustas tú, nadie más...

Y en ese instante, Felix había salido corriendo como una pequeña y linda liebre.

EUTANASIA [Hyunlix]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora