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¡Seguimos con la dinámica!

Pocas horas después el vídeo se volvió trending topic. Alcanzó las cinco millones de visualizaciones, con los números subiendo tan deprisa que daba vértigo verlos. No me sorprendió que Lily me llamara, casi gritando por el auricular.

—¡LO HAS HECHO! ¡HAS HABLADO CON EL GRUPO QUE TE DIJE!

—Sí, yo.... —intenté hablar, pero fue imposible.

—¡SEÑORA, MI MEJOR AMIGA ES LA PUTA AMA!

Escuché algunos murmullos antes de que Lily volviera a nuestra conversación.

—Dios, que borde está la gente. ¡Todavía no puedo creerme que lo hayas hecho! Estaré ahí para testificar, te ayudaré a buscar pruebas, ¿vale? Meteremos a ese capullo de una patada entre rejas. ¿Ya se lo has dicho a Kaiden? Dará saltos de alegría cuando se entere.

Lo curioso era que, aunque había sido sacar a Kaiden de la cárcel lo que me había impulsado a levantar la denuncia, ni siquiera se me había pasado por la cabeza su reacción al decírselo.

—No dejéis que se declare culpable, ¿vale? —respondí—. No me importa lo que esa abogada os haya dicho. Conseguiré una prueba que demuestre que Kaiden no tiene la culpa.

—Hablaré con mamá. Creo que los resultados del análisis de sangre llegarán mañana.

Eso se traducía a al menos seis meses de cárcel, en el mejor de los casos. Abrí las puertas de cristal y entré en el enorme edificio.

—Tengo que colgar. Hablamos luego.

Tomé el ascensor vacío hasta la quinta planta y caminé hasta la secretaria.

—¿Raid? —preguntó.

Asentí.

—Ya la están esperando, puede pasar.

—Gracias.

En la puerta, el nombre de "Victoria Springs" brillaba en una placa dorada. Toqué dos veces antes de pasar. Había tardado un rato en encontrarla, pero según Internet nunca había perdido un solo caso, era la mejor abogado en doscientos kilómetros a la redonda.

Y la única que parecía capaz de ganar el juicio que empezaría contra Sean.

—Hola, señorita Raid —saludó mientras me sentaba.

—Llámame Samantha, por favor —respondí.

Cuando me llamaban de esa forma, me daba la sensación de que intentaban hablar con otra persona.

—Como quieras, Samantha. He estado leyendo la copia de la denuncia y he echado un vistazo al expediente. Acoso y abuso de autoridad a un agente de la policía, el jefe, para ser exactos. Su padre es un accionista e inversor mayoritario de uno de los bancos más grandes del estado. No tiene ninguna denuncia anterior, mantiene una buena imagen y juró servir, ayudar y proteger.

—Sé quién es —respondí.

—Lo sé. Empezaste a salir con él a los dieciséis, hasta los diecinueve. Así que si espero que alguien lo conozca, eres tú. ¿Quién es realmente Sean?

Durante la siguiente hora, relaté todos y cada uno de los detalles de mi relación con Sean. Incluso los más ínfimos, los que habían quedado escondidos en los recovecos más pequeñitos de mi mente.

Me sorprendió darme cuenta de que había olvidado más cosas malas que buenas. Ahora, todas salían a flote.

La forma en que me miró la primera vez que volvimos después de romper; como si nunca hubiera dudado de que volvería, como si fuera algo en lugar de alguien.

Estamos hechos el uno para el otro, Sammy. Por eso mismo, por mucho que intentes alejarte, sé que volverás. Siempre volverás a mí.

En ese momento, me pareció lo más romántico que me habían dicho nunca.

Recordé como, según pasaban los meses, la presión de sus manos en mi cuerpo empezó a volverse más fuerte. Aún más en presencia de amigos, que terminaron desapareciendo.

—Sean, me estás haciendo daño —murmuré para que ninguno de los invitados pudiera oirnos.

Sus manos se habían deslizado por mi cintura para atraerme hacia él. Ahora, sus dedos se clavaban en mi piel como espinas.

—¿Qué?

—Estás clavándome los dedos.

Intenté apartarme, pero su agarré se intensificó.

—Eres mi novia, ¿ya ni siquiera puedo acercarme a ti?

¿Por qué eso me había parecido un argumento suficiente? Tanto, que pasé el resto de la noche quieta a su lado. Porque no quería que se sintiera mal.

Kaiden nunca me habría dicho algo así. Nunca lo habría hecho. Pero el que estaba entre rejas era él y no Sean.

Deseé poder ver lo que escribía en el ordenador mientras hablaba. ¿Sería la transcripción directa de lo que le estaba contando o pasaría por el filtro de sus pensamientos?

Terminé de hablar una hora después. Todas las cosas, decisiones y acciones que me habían llevado hasta allí, podían resumirse en una hora.

—¿Tienes pruebas?

—Yo... —dudé. En realidad, no quería decir que aún no tenía nada.

—No estoy dudando de ti, Samantha. Si no tienes pruebas, yo me encargaré de buscarlas.

—No las tengo, pero sí gente que podría testificar a mi favor.

Volvió a teclear en el ordenador.

—Eso está bien. Muy bien.

—¿Significa que... aceptas el caso?

Cuando había hablado con su secretaria, me había advertido de que primero hablaba con los clientes y después, decidía si quería llevar el caso o no. Así que quizás todo esto no hubiera servido.

Recé por no tener que volver a casa y empezar a buscar de nuevo.

—Sean también me contactó. Después de que tú lo hicieras. Me ofreció el triple de dinero.

Iba a decirme que no. ¿Quién se negaría a algo así? Busqué, a tientas, el bolso colgado del respaldo. Tendría que irme y seguir intentándolo.

—He rechazado su oferta. Quiero defenderte a ti.

El bolso emitió un ruido sordo al caer contra el suelo.

La miré, sin poder creer del todo lo que acababa de decir.

—¿Lo harás? —repetí.

—Estoy contigo, Samantha.

—Gracias.

—Para empezar, haré un par de investigaciones. La próxima semana tendré que hablar con tus testigos.

—Necesito que el juicio y la resolución sean en menos de un mes —me apresuré a añadir.

Asintió con la cabeza, como si hubiera estado esperando a que dijera eso.

—Quieres adelantarte al juicio de tu novio para poder presentar la resolución de tu denuncia como prueba, ¿verdad?

—Sí.

—Redactaré una petición. Respecto a mi itinerario, tendrás que pegarme al menos tres días antes del juicio.

Tragué en seco, intentando disimular mis nervios.

—Claro, te extenderé un cheque cuanto antes.

Ahora tenía otro problema.

La abogada costaba diez mil dólares.

Y yo no tenía tanto dinero.

A Bad Badboy || Clichés Mal Contados 1Donde viven las historias. Descúbrelo ahora