Capítulo 14

139 23 21
                                        

Esos días ignore lo más que pude a Drean, en cada una de nuestras salidas en grupo, en las fiestas, en las cenas, en todos lados.

Esos días tampoco quise dormir en mi habitación, me dedique a hacer pijamadas con las chicas o una que otra con mis primos y mi hermano. Todo por estar alejada de el.

Claro, pero todo eso fue hasta un día, hasta que a Addie se le ocurrió la brillante idea de ir a una fiesta que se estaba organizando aqui cerca. Y con eso, nos quedamos solos Drean y yo.

Intente seguir ignorandole, hacer de oídos sordos, concentrándome en mi escritura. Llevaba unos capitulos, unos bastante buenos. Cuando alguien interrumpió en la habitación de mi hermano y la de Lear.

Drean, cerro la puerta a sus espaldas y lo hubiera ignorado si solo no lo hubiera escuchado ponerle seguro a la puerta, cortando mis vías de escape.

—¿Que se supone...?

—¿Seguiras huyendo de mi? —me interrumpió, arrugue la frente.

—No huyó de ti —dije volviendo mi actencion a la laptop, el la cerró en un ataque que le dió.

—Si, lo haces. Estás huyendo de mi, de lo que sientes, de lo que yo te hago sentir.

—No me haces sentir nada —negué.

—Eso no dijiste la otra vez —murmuro, pero yo no sabía de que hablaba.

Oh, el día de la fiebre.

¿Que mierda abre dicho?

—¿Puedes salir de la habitación? —le pregunté con rudeza, harta, sin ganas de hablar.

—No, no hasta que me digas a qué mierda le tienes miedo.

Hasta ese punto no me habia dado cuenta que la fiebre volvía a apoderarse de mi pecho. Otra vez, de vez en cuando me daba, producido por el estrés. Y, ahora, mis niveles de estrés llegaban a por los cielos.

—¡Le tengo miedo a sentir, a quererte, a perderte con mis estupideces, a hacerte daño!. ¡A eso le tengo miedo! —grite hasta que mis pulmones no dieran más—. Es peligroso que estés conmigo, podría hacerte daño, llevarte al mismísimo infierno.

Sonrrio, y no sabía si eso me alegraba o me enojaba. Arrugue la frente hasta que mis cejas casi se tocaron, casi se saludaron.

—Si por besarte tuviera que ir después al infierno, lo haría. Así después podré presumir a los demonios de haber estado en el paraíso sin nunca entrar —su voz sonó cálida, melodiosa, con cariño.

Inconscientemente mis músculos se relajaron, suspire, dejando que el estrés saliera de mi cuerpo.

—No deberías decir eso...

—¿Porque?

—No sabes nada...

—Se bastante —se acercó sigilosamente, se subió a horcajadas sobre la cama, donde yo estaba sentada. Quedó sobre mi—. Se que tienes las mismas ganas que yo de besarte, sé que tus sentimientos son más grandes de lo que todos creen, porque eres unas persona sensible.

Callo por unos momentos, volvió a dejar tras mi oreja ese mechon rebelde de cabello, como ya era costumbre. Dejando después sueves carillas en mi mejilla.

—Las personas sensibles siempre tienen el corazón al revés, el alma al revés... Una lágrima lista para caer, una sonrisa en los labios lista para explotar. Viven en un equilibrio entre las alegrías y los dolores de la vida.
No son perfectos, al contrario. A veces incluso se autodestruyen porque respiran a través del pecho, nunca a través de sus pulmones. Saben cómo convertir arena en polvo de estrellas, iluminar un sueño en la oscuridad...

Perfecta Coincidencia[En Edición]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora