Capítulo 10

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Una pasión que arde

Isabella Hart

No puedo negar que me sentí atrapada en su presencia desde el instante en que entramos en el coche. Era como si el mundo exterior se hubiera desvanecido y solo existiéramos nosotros dos en una burbuja cargada de electricidad y deseo. Sus labios eran una droga que no quería dejar de consumir, mientras su mano me rozaba con una mezcla de firmeza y ternura que me hacía temblar.

Cuando él se separó apenas para respirar y hablar, sentí que el vacío que dejó entre nosotros era insoportable.

—Estoy perdiendo el control —escuché cómo me confesaba, con un dejo de vulnerabilidad que me sorprendió —No sé cuánto más pueda aguantar esta espera.

Lo miré a los ojos, y allí estaba ese fuego, ese anhelo compartido, esa certeza que no necesitaba palabras para explicarse.

—Entonces, ¿qué hacemos? —le susurré, aproximándome un poco más, con una sonrisa cómplice que revelaba que estaba dispuesta a quemarme con él.

Veo sus ojos directamente y fijamente, hasta que siento cómo se acerca nuevamente, mirándome directamente a mis ojos. Me sorprendí porque sus ojos tenían un color inusual, diferente al de otras personas. Eran de un tono intenso de sus ojos era un gris claro, casi metálico, que brillaba con una intensidad cautivadora y singular. No era un gris común, sino uno que parecía reflejar la luz como si estuviera hecho de un metal pulido, frío y elegante al mismo tiempo.

Este color le daba a su mirada un aire de misterio y profundidad difíciles de ignorar. Sus ojos no solo atrapaban la luz, sino también mis emociones, hipnotizándome con cada parpadeo. Había en ellos una mezcla de sabiduría, autocontrol y una fuerza silenciosa que me hacía sentir que estaba frente a alguien único y poderoso.

Los ojos grises claros, como los suyos, son poco comunes y suelen asociarse con una personalidad analítica y lógica, alguien capaz de pensar críticamente y resolver problemas complejos. A la vez, pueden revelar una sensibilidad especial, pues suelen ser más sensibles a la luz y reflejan una mezcla de calma y tormenta interior.

Mirar sus ojos era como contemplar dos lunas de plata líquida, una experiencia fascinante y completamente absorbente. ¿Por qué nunca me di cuenta del color de sus ojos? Son demasiado hermosos para ser verdad, jamás me había fijado que sus ojos eran así.

—¿Qué tanto estás mirándome? —su voz era profundamente gruesa, cargada de una intensidad que hizo que mi corazón diera un vuelco.

Le levanté una ceja, mirando fijamente sus ojos grises metálicos que me mantenían atrapada en un hechizo sin fin.

—¿No puedo mirar tus ojos ahora? —respondí con una sonrisa, esperando que él se atreviera a contestar.

La tensión entre nosotros se espesaba con cada segundo, y en esa mirada intensa sentí que podía descubrir todos sus secretos ocultos, hacerme vulnerables y atravesar muros que nadie más conocía.

—¿Qué vamos a hacer ahora en adelante? —sus ojos grises, tan intensos, podían jurar que me estaban devorando con la mirada.

—Ir a dentro a la casa —respondí con decisión.

Al ver cómo baja lentamente del Mustang, sentí que el espacio entre nosotros se llenaba de una tensión casi eléctrica. La vi caminar hacia donde me encontraba, cada paso suyo resonando en mi pecho acelerado.

Al quitarme el cinturón, mis manos temblaban ligeramente, conscientes de que lo que estaba por pasar cambiaría todo. Cuando abrió la puerta, el simple acto se volvió un gesto cargado de significado.

Obsesión bajo la máscara [+21]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora