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Éramos dos adolescentes con problemas.
Tú tenías problemas con el dinero, tanto así que tuviste que dejar la escuela para poder ayudar a tus padres con eso. Y luego estaba yo, mi padre era un alcohólico y violento, siempre golpeando a mamá, siempre lastimándola hasta el punto en el que quedaba inerte en el suelo. No fueron pocas las veces que le grité que huyéramos a un lugar alejado, a un lugar en donde pudiéramos estar bien, donde todos esos gritos desaparecieran por completo, donde los golpes y cicatrices ya no estuvieran, pero mamá siempre me respondía lo mismo:
"Es el alcohol, tu padre no es así. Solo está borracho, él nos ama a los dos..."
Odiaba con el alma que me respondiera eso cada vez que le decía algo de huir, porque, hasta para mí, era obvio que ese monstruo no tenía un corazón capaz de amar, era solo una bestia que rompía y dañaba todo a su paso, porque yo sé que el amor no es así, y eso lo descubrí contigo.
"Kim Namjoon", así te llamabas.
Desde que te conocí, con esa apariencia temeraria, con un carácter implacable y con la forma tan rebelde en la que te vestías, parecías gritarle al mundo que eras único, que eras dueño de todo, como si fueras algo imparable. Y tal vez, desde la primera vez que te vi, supe que quería estar a tu lado en todos los sentidos...
Te gustaba el rock, pero te fascinaba el rap, podría decir que tus ojos brillaban como dos luciérnagas en una noche oscura cada vez que escuchabas a tus raperos favoritos. A veces decías que querías ser cantante de rap, querías que tus letras llegaran a miles de personas, que deseabas que yo estuviera ahí, que ambos nos convirtiéramos en unas estrellas reconocidas... antes, recordar tu sonrisa hacía que me doliera el pecho...
Ahora, recuerdo una vez cuando fuimos a ver a uno de tus raperos favoritos, te veías tan bien con esa chaqueta de cuero negra en conjunto con unos botines del mismo material, jeans negros apretados marcando tus muslos y una remera blanca. Recuerdo que ese día antes de ir al concierto, me regalaste un brazalete con un corazón partido a la mitad, que hacía juego con la otra mitad del corazón, solo que tú lo tenías en un collar. En ese momento dijiste un: "no me digas cursi por esto, porque por muy "emo" que creas que parezco, soy una persona sensible y frágil", nos reímos mucho después de que dijeras eso.
Esa noche, después del concierto y de haber pagado por una noche en un hotel, bajo a aquellas sábanas amarillentas, con mi corazón latiendo desenfrenado, y ambos nerviosos por lo que sabíamos que iba a pasar, lo hicimos. Me es imposible olvidar lo hermoso y perfecto que te veías esa noche, lo bien que la pasamos con nuestros cuerpos enredados entre sí. Pensé que si en algún momento tendría que morir, quería que mis últimos segundos fueran contigo, ahí, sintiendo la calidez de tu cuerpo con el mío.
Para mí, eras como un oasis que me curaba de todas las heridas causadas por ese monstruo, sentía que contigo podía flotar en las aguas turbulentas en las que estaba sumergido hace ya mucho tiempo, y por alguna razón, también sentía que era lo mismo para ti.