Capítulo 11

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Carolina's POV.

Caminaba entre una gran cantidad de persona, todos hombres. Intentando no chocar con nadie, mi cuerpo desviaba bultos que pasaban, todos yendo a la dirección opuesta a la mía. Mi cabeza se mantenía baja, mis ojos en el suelo, y fue cuando los levanté por primera vez que noté: Todos ellos me miraron.

No sabía dónde estaba. Inmediatamente, desvié de nuevo los ojos hacia abajo, y por algún motivo me di cuenta de que Victoria caminaba a mi lado.

Sentí un alivio liberador con su presencia, pero fue cuando nuestras manos se tocaron accidentalmente que ella habló.

-Aquí no.

La miré, llena de dudas. Victoria seguía mirando hacia adelante, imponente, caminando de forma segura. Entonces, como un choque, me di cuenta de lo que estaba pasando: ella sentía vergüenza de mí.

Vergüenza de verme como alguien que debería estas a su lado. Vergüenza de que todos ellos, que caminaban contras nosotras, pensarían si nos veían de la mano.

Victoria sentía vergüenza de ser vista con una puta.

-Caro...

Bajé la cabeza, no pudiendo mirarla. No consiguiendo formular una frase siquiera porque una tristeza inmensa me callaba.

Y entonces, estaba sola otra vez.

-Caro...

Estaba sola. No me amaba. Y yo lo sabía.

-Caro... despierta...

De repente, todo lo que podía ver era su rostro, un poco lejos, pero sus ojos azules muy cerca. Fui volviendo a la realidad lentamente, su presencia formándose delante de mí.

Después de un momento breve, conseguí ubicarme, y allí estaba yo, de vuelta en el cuarto de Victoria, acostada en su cama, cubierta por muchas sábanas enrolladas. Ella estaba arrodillada, arreglada y perfumada con un tipo de blazer gris oscuro, muy cerca de mi cara. Pero cerca de lo necesario.

-Siento despertarte tan temprano. Es que tengo que ir a trabajar.

Parpadee algunas veces, aturdida por el sueño, pero con un alivio inmenso por estar fuera de mi pesadilla. ¿Qué horas debían ser?

-Y tendrás que quedarte aquí... sola.

Ella no quitó los ojos de mí. También no se movió un centímetro sin tocarme. Pero podía ver que algo le molestaba.

-¿Te vas a quedar? ¿Prometes que no te irás?

Miedo.

De nuevo, ella tenía miedo de que la dejara. De nuevo, ella consideraba esa posibilidad, y me pregunté porque estaba comenzando a olvidarme de eso.

-Me quedo.

Ella continuó mirándome, como quien quisiera buscar en mis palabras alguna pista de que aquello era mentira. Parpadee algunas veces para hacer mi mirada más firme, hasta que finalmente pareció creerme.

-Esta casa es tuya, ¿está bien?

No respondí, pero no pareció molestarle.

-Dejé el número de mi móvil anotado, está encima del mueble de la habitación de huéspedes. Cualquier cosa que quieras, llámame. Y siéntete a gusto. Voy a estar de vuelta por la noche.

-Está bien. - Respondí, mirando directamente a sus ojos.

Permanecimos en silencio por un buen tiempo, y por primera vez en mucho tiempo aquel silencio no era incómodo. No era un silencio cargado de desconfianzas, secretos o preguntas calladas. Era sólo aquello.

My Sweet Prostitute [youngmiko]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora