4.0-Just a dream

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Un sueño

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Un sueño.

Regina, sumida en un sueño profundo, se hallaba en la penumbra de su habitación. El sol, como un intruso curioso, se filtraba a través de las cortinas, pintando de tonos dorados los rincones olvidados. En su mente, los sueños danzaban, tejían historias y desafiaban la realidad.

¿Qué secretos ocultaba aquel rincón oscuro? ¿Qué anhelos y misterios se desplegaban en el lienzo de su mente? Solo el sol y las sombras lo sabían, mientras Regina continuaba su viaje onírico, ajena al mundo exterior.


—Regina —Lauret la llama desde el primer piso.

Regina, conmocionada, se ve volviendo a la realidad, a su realidad. Siente la nostalgia de aquel lugar en donde todos sus demonios se alejan, la felicidad brilla tanto como el sol y sus nubes grises se ven opacadas por su destellante sonrisa, pero ella tiene en claro que aquella fantasía nunca será parte de su desilusionada realidad.

—Enseguida bajo, madre —cabizbaja responde.

Se levanta de la cama con sus piernas flexionadas. Le cuesta enderezarse, ya que sus rodillas están muy maltratadas. Se intenta incorporar por completo. Su rostro no muestra ni una pizca de dolor mientras sus piernas maltratadas goteaban aquel líquido carmesí.

Aun sin sentir dolor, sus extremidades flaqueaban al intentar bajar al primer piso. Hace un gran esfuerzo por no tropezar y caer despavorida por las escaleras. Al llegar al último escalón, se ve desplomándose en el pie de las escaleras. Su padre, que estaba al final de esta, la mira desde arriba con desaprobación.

—¿Por qué no te has limpiado eso? —reprocha con hostilidad.

—Lo siento —Regina intenta enderezarse.

—Siempre lo sientes —el hombre se encamina a la sala de comedor sin siquiera darle una última mirada.

—¡Regi! —su madre preocupada, sale apresurada del comedor con un delantal atado a la cintura. Se inclina hacia ella, elevando su mentón—. ¿Te encuentras bien, hija?

—¡Lauret! —exclamó el señor Fhilip desde el comedor.

—Ya voy, déjame... —se vio siendo interrumpida por un fuerte sonido.

—Te estoy llamando ¿Que acaso no escuchas? —hablaba con una tranquilidad escalofriante.

Lauret no sabía qué hacer, estaba inmóvil mirando a su hija en el piso con sus rodillas maltratadas y su mirada vacía.

Regina toma con delicadeza las palmas de su madre y le sonríe para intentar reconfortarla.

—Está bien, madre, ve —le susurró Regina, intentando tranquilizarla.

—Pero... —tartamudeó.

Regina le sonríe con comprensión.

—Estaré bien, te lo prometo —.

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⏰ Última actualización: May 03 ⏰

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