Mi captora es un enigma. No sé quién es ni por qué me llevó. Hay una oscuridad dentro de
ella, una oscuridad que me asusta incluso cuando me atrae.
Mi nombre es Becky, y esta es mi historia.
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"Me moldeo a su man...
"En la pasión perversa, la satisfacción se encuentra en el control absoluto sobre el otro, más que en el acto de amar en sí."
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POV BECKY
Durante las próximas dos semanas me voy acostumbrando a mi nuevo hogar. La finca es un sitio fascinante y paso mucho tiempo explorando y conociendo a sus habitantes.
Además de los guardias, aquí viven una decena de personas; algunos solos, otros con sus familias. Todos trabajan para Freen, desde el más viejo hasta el más joven. Algunos, como Ana y Mía, cuidan de la casa y sus jardines; otros gestionan los negocios de Freen. Parece que ella ha vuelto hace poco al recinto, pero sus empleados han vivido aquí desde que su padre, reinaba como uno de los narcotraficantes más poderosos del país.
—Todos cobran un buen sueldo, tienen un hogar gratis e incluso tu esposa contrató a un maestro hace unos años para que enseñara a los niños. —Me explica Mia cuando le pregunto por este fenómeno tan inusual —. Puede que no esté aquí mucho tiempo, pero siempre ha cuidado de su gente. Todos pueden irse cuando quieran, pero saben que no encontrarán un lugar mejor. Además, aquí se sienten protegidos, pero ahí fuera, ellos y sus familias son el blanco de policías entrometidos o personas que buscan información sobre la organización. —Me dirige una sonrisa irónica y añade—: Mi madre dice que una vez que entras a formar parte de su vida, lo eres para siempre. No hay vuelta atrás.
—¿Por qué elegiste esta vida? —pregunté con el fin de entender qué motivo tendría una persona para mudarse a un recinto aislado, al borde del bosque del Amazonas, propiedad de una traficante de armas. No conozco a nadie que en su sano juicio hiciera algo así por voluntad propia, sobre todo si ellos saben que la vuelta a casa no será fácil.
—Bueno, cada uno tiene una historia diferente. —se encoge de hombros—. A algunos los buscaban las autoridades, otros se enemistaron con personas peligrosas... Mis padres vinieron aquí para escapar de la pobreza y ofrecernos una vida mejor a mis hermanos y a mí. Sabían que corrían un gran riesgo, pero creían que no les quedaba otra. Hoy en día mi madre está totalmente convencida de que tomaron la decisión correcta para todos.
—¿Incluso después de...? —Empiezo a preguntar, pero luego cierro la boca al darme cuenta de que solo traería a Mia malos recuerdos.
—Sí, incluso después de eso —dice al adivinar lo que iba a decir—. No hay nada seguro en esta vida. Podrían haber muerto de todos modos. Asesinaron a mi padre y a mi hermano mayor, en su trabajo, pero al menos tenían trabajo. Cuando estaban en el pueblo no había trabajo alguno y en las ciudades la situación era incluso peor. Mis padres hicieron todo lo posible por traer algo que llevarnos a la boca, pero no era suficiente. Cuando mi madre se quedó embarazada de mí, Irmes, que por aquel entonces tenía solo doce años, fue a Medellín para hacer de mula y que nuestra familia no muriera de hambre. Mi padre fue detrás de él para pararlo y fue entonces cuando conocieron a el señor, que estaba en la ciudad negociando con el cartel de Medellín. Les ofreció trabajo en su organización, y el resto es historia. —Se detiene y me sonríe antes de continuar—. Ya lo ves, Becky, trabajar para el señor Sarocha ha sido lo mejor que le ha pasado a mi familia. Y como dice mi madre, al menos no he tenido que venderme por comida como hizo ella en su juventud.