Un nuevo cuervo había llegado a Dragonstone, Rhaenyra supo de inmediato que se trataba de su hermana, apurada tomo el mensaje de manos del maestre y comenzó la lectura, Daemon esperaba, sentado cerca de la chimenea a que su esposa le comunicara las nuevas, mientras pulía y afilaba su espada, pudo ver el ceño de su esposa fruncirse en la parte final de la carta.
—Malas noticias? —. Se aventura a preguntar a falta de palabras de la ahora reina, Rhaenyra suspiro pesadamente.
—Buenas y malas ¿Cuáles quieres primero? —. El rey consorte dejo de lado su espada y camino hasta estar a lado de su amada.
—El postre primero—. La platino volvió a susspirar.
—Los Verdes han mandado a llamar a sus aliados—. Dijo. —Las cabezas de las grandes casas se reunirán en la capital para planear los siguientes pasos—. Daemon tarareo afirmativamente.
—Si nos movemos rápido, podremos acorralarlos en King Landing—. Rhaenyra avanzaba, aquello era un movimiento acertado para ellos, según la carta de Helaena, los aliados tardarían unas dos semanas en llegar a la capital y otros dos en regresar a sus tierras propias para comenzar a movilizar a sus ejércitos. —Estando en la capital, las guardias de cada Lord no serán suficientes para hacerle frente a nuestros propios dragones—.
—Si, podremos poner fin a esta usurpación—. Ahora Daemon tomo sus manos, sabia que aquellas eran buenas noticias, podrían recuperar el trono de su esposa sin derramar sangre, como tanto habían querido ella y Lucerys.
—Y ahora las verduras—. Dijo el hombre con cierto humor, humor que no compartía su esposa, quien le miró con cierta frustración en su mirada púrpura.
—Lucerys se ha unido a Aemond—. El silencio fue absoluto, por unos segundos solo el crepitar del fuego en la chimenea se escuchó, hasta que Daemon exploto.
—¡¿Qué Lucerys que?! —. Rhaenyra se veía venir aquello, Daemon no dudo en tomar a su preciada espada, el fuego ardía en su mirada y su aroma se había amargado por la furia. —Lo voy a matar, matare a ese tuerto hijo de-…—.
—¡Espera, Daemon! —. Lo detuvo Rhaenyra.
—¡Espera, Daemon, nada! —. Contesto, tratando de apartarse de su esposa. —Ese Alfa poca cosa ha osado profanar a mi cachorro… ¡Y tendré su cabeza por eso! —.
—No puedes ir ahí y cortar la cabeza de mi hermano por “profanar” a Luke… ¡No seas hipócrita! —. Aquello pareció detener las ansias homicidas de su esposo, puesto que solo gruño antes de abandonar su idea, al menos de momento. —Además, esposo, sabemos muy bien que si Aemond y Lucerys se unieron fue porque nuestro cachorro así lo quiso—. La reina negra pudo ver como su marido regresaba a su asiento cerca de la chimenea mientras refunfuñaba cosas sobre tuertos pervertidos, Rhaenyra económica volviendo a acercarse a su marido. —Debemos prepararnos, Otto es más diestro en armar conspiraciones que estrategias de guerra—. Daemon tomo la mano de su esposa como un medio para tranquilizarse. —El consejo verde solo tiene políticos que se la pasan mayormente gastando sus arcas en vino, mujeres y cacerías inútiles—.
—Debemos enviar cuervos, si vamos a sofocar la rebelión, será con todo nuestro poder—. Dijo el hombre. —Sabrán lo que pasa cuando quieres encadenar a un dragón—. Y Rhaenyra sonriendo. —Prepararé a los dragones, es una suerte que Luke me dijo que hacer antes de ser capturado—. Y con eso el nuevo rey consorte abandonó la sala del consejo, necesitaba preparar a sus hombres, a sus aliados ya sus dragones.
La guerra había comenzado.
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Aemond no sabia exactamente que había pasado después de que el olor a frutos invadiera su nariz, recuerda a Lucerys hablarle al oído, susurrándole cual sirena, tentando a su Alfa a salir y dejarlo tomar el control.
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𝘖𝘮𝘦𝘨𝘢 𝘤𝘰𝘯 𝘚𝘢𝘯𝘨𝘳𝘦 𝘝𝘢𝘭𝘺𝘳𝘪𝘢 (lucemond) HOTD[✓]
FanfictionCuando un Targaryen nace, los dioses arrojan una moneda. Cuando el bebé llamado Lucerys Velaryon llego al mundo, los dioses, como siempre, lanzaron una moneda. Ellos lucían aburridos, pues no importaba cuantas veces la lanzaron antes, el resultado s...